13 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Jóvenes 2026 | Luz que se comparte

«Que se conozcan en la tierra tus caminos, y entre todas las naciones tu salvación». — Salmos 67:2 (NVI)

Valeria frenó en la esquina esperando que cambiara el semáforo, con una bolsa de víveres acomodada en el canasto de la bicicleta. Iba de camino a la casa de una compañera de clase cuya familia estaba pasando un momento difícil porque su papá se había quedado sin trabajo. Esa mañana, en el grupo de chat del curso, muchos habían dejado mensajes de ánimo y buenos deseos, pero nadie había propuesto una ayuda concreta. Valeria revisó la despensa de su casa, apartó varios alimentos y decidió pedalear hasta allá para dejarlos sin hacer ruido, sin publicar nada ni esperar que nadie se enterara. Muchas veces nos quedamos en la comodidad de mandar un mensaje por el celular; sin embargo, las buenas intenciones no alcanzan si no van acompañadas de gestos reales que muestren el amor de Dios a quienes la están pasando mal.
El salmista compuso esta oración recordando que el favor que recibimos de Dios nunca tuvo la intención de quedarse encerrado en nosotros: «Que Dios nos tenga compasión y nos bendiga; que haga resplandecer su rostro sobre nosotros» (Salmos 67:1, NVI). La bendición bíblica no termina en quien la recibe; es un puente para que la bondad del Señor llegue a las personas que necesitan una mano: «¡Que te alaben, oh Dios, los pueblos; que todos los pueblos te alaben!» (Salmos 67:3, NVI). La Escritura nos enseña que conocer la gracia de Dios nos impulsa a compartirla con los demás. Recibir su ayuda no nos convierte en espectadores que miran de lejos, sino en personas dispuestas a acompañar y aliviar a quienes tenemos cerca todos los días.
Aprender a compartir lo que tenemos en el día a día le da sentido real a nuestra fe. Cuando decides dar una mano, escuchar con paciencia o desprenderte de algo tuyo para ayudar a otro, el mensaje de Dios deja de ser una idea abstracta y se vuelve algo vivo para los que te rodean.
Elena G. de White subraya el propósito de las bendiciones que recibimos del Señor:
«La bendición de Dios descansa sobre los que difunden la luz de su verdad, y que con abnegación y celo trabajan para hacer bien a los demás» (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 331).
Permitir que la bondad de Dios se refleje en nuestras acciones nos llena de una paz sincera, con la seguridad de que cada gesto humilde de servicio ayuda a que otros descubran la salvación del Señor.

Llamado a la acción
¿Conoces a alguien cerca de ti que esté pasando por una necesidad o un momento de desánimo? No te quedes solo en las buenas intenciones; haz hoy un gesto práctico que le demuestre el cuidado de Dios.
La bendición de Dios que guardas para ti solo florece cuando la compartes.

Oración:
Padre celestial, hoy te agradezco de corazón por cada una de tus bendiciones en mi vida. Quita de mí el egoísmo y la indiferencia, y ayúdame a ser un reflejo limpio de tu amor para que otros conozcan tu salvación. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2026



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