Sábado 10 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Un temor que se vuelve gozo

«Entonces todos tendrán miedo, y proclamarán la obra de Dios, y entenderán lo que él ha hecho». Salmo 64:9 (NTV)

El Salmo 64 nos lleva de la mano a un momento de mucha tensión, donde David le pide a Dios con el corazón en la mano: «Escóndeme del secreto de los malvados, de la conspiración de los que hacen iniquidad, que afilan su lengua como espada, lanzan cual saeta suya, palabra amarga, para disparar a escondidas contra el íntegro» (Salmo 64: 2-4). Cuando escribió esto, el rey sabía perfectamente lo que pesaba la maldad a sus espaldas y las palabras amargas lanzadas contra su vida. Lejos de ponerse a discutir o de buscar tener siempre la última palabra, él optó por llevar toda esa pesada carga directamente al Señor. En la vida diaria, cuando nos topamos con roces y nos duele lo que otros dicen, este pasaje nos recuerda que la verdadera justicia no se logra defendiéndonos con nuestras propias fuerzas, sino confiando plenamente en que Dios actúa en su momento perfecto.
Esta misma vulnerabilidad la sentimos nosotras cuando nos toca enfrentar críticas injustas dentro de nuestra propia casa, entre amistades o en el trabajo. Hay días difíciles en los que un comentario hiriente, un juicio apresurado o la deslealtad de alguien en quien confiábamos nos dejan el alma herida y a la defensiva. Es justo en esa quietud de la prueba donde el Señor sale a nuestro encuentro para darnos un abrazo y un refugio seguro. La Biblia nos anima con tanta ternura diciendo: «Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él hará» (Salmo 37:5). Su respaldo no depende de que logremos limpiar nuestro nombre ante cada persona que nos critique, sino de su amor constante que nos hace justicia a su debido tiempo.
Para consolarnos en esos momentos, la pluma inspirada nos regala este pensamiento tan lindo: «Cuando somos rodeados de pruebas, no debemos mirar a las dificultades, sino al Salvador […]. Él no nos dejará confundidas, sino que transformará la oscuridad en luz» (El Deseado de todas las gentes, p. 396). Para encontrar calma ante una ofensa, la Escritura nos invita a mirar a Jesús, quien prefirió guardar silencio ante quienes lo acusaban injustamente y dejó todo en manos de su Padre. Él conoce cada lágrima que derramas en secreto y te devuelve una paz que nadie te puede quitar jamás.
Dejar la ofensa en las manos de Dios significa soltar las ganas de cobrarnos las cosas y descansar por completo en su gracia. Ya no tienes que gastar tus energías respondiendo a cada ataque que surge en el camino. ¿Estás dispuesta a dejar hoy esa carga con él?

Oración:
Padre querido, reconozco que a veces me duele mucho la incomprensión y las palabras hirientes de los demás. Hoy decido soltar todo resentimiento, confiar de verdad en tu justicia y descansar en tu hermosa presencia. Ayúdame a caminar con confianza, sabiendo que tú eres mi escudo y mi refugio seguro en todo momento. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026
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