Martes 6 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Cuando fallan nuestras defensas

«En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos» (Salmo 60:12, RV1960).

Pocas experiencias resultan tan difíciles de asimilar como recibir una mala noticia justo cuando creíamos tener todo resuelto. Eso fue lo que vivió el rey David al escribir este salmo. Mientras su ejército luchaba en el norte contra los sirios, los edomitas aprovecharon que el sur estaba desprotegido para atacar por sorpresa. La noticia del asalto sacudió profundamente al pueblo de Israel: de la aparente tranquilidad pasaron en pocas horas a la incertidumbre y la tristeza. Aquel golpe imprevisto dejó al descubierto la fragilidad de cualquier conquista humana.
Frente a la crisis, David no intentó fingir una falsa seguridad. Reconoció con franqueza la gravedad del momento, buscó el rostro de Dios y oró: «Hiciste temblar la tierra, la has hendido; sana sus roturas, porque titubea» (Salmo 60:2). El salmista comprendió que las armaduras no bastaban para levantar el ánimo de un pueblo golpeado. En lugar de rendirse a la amargura, llevó la angustia ante el trono de la gracia, convencido de que solo la intervención divina podía devolverles la paz y asegurar el triunfo final.
Cuesta mucho aceptar el momento en que nuestras fuerzas no alcanzan. Solemos poner empeño y oración en un proyecto familiar o de trabajo con la ilusión de que todo saldrá bien, pero a veces las cosas toman un rumbo imprevisto y nos quedamos con las manos vacías. La primera reacción suele ser lamentarnos o buscar a quién responsabilizar. Sin embargo, esos tropiezos nos abren los ojos a una verdad espiritual muy sencilla: la vida no se sostiene por lo mucho que nos esforcemos, sino por el cuidado constante del Señor.
La Palabra de Dios nos recuerda con total claridad que la gracia divina triunfa sobre cualquier derrota temporal. Nuestra verdadera seguridad no descansa en los logros humanos, sino en la obra redentora de Cristo, quien venció para siempre el poder del mal. El apóstol Pablo resumió esta certeza al afirmar: «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:37). Esta promesa bíblica sostiene la fe en las horas difíciles, nos libra de la desesperación y nos llena de esperanza mientras esperamos el pronto regreso de nuestro Salvador en gloria.
Elena G. de White señala cómo esta promesa se traduce en la vida diaria:
«“En Dios haremos proezas; y él hollará a nuestros enemigos”. ¡Cuánto bien podríais hacer siendo leales a Dios y a vuestros hermanos, reprimiendo las palabras duras y las censuras!» (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 156).
Comenzar este día apoyados en esta certeza transforma nuestra actitud: apaga los reproches que desgastan la convivencia en casa, frena el impulso de quejarnos ante los imprevistos y nos da calma para encarar el trabajo con renovado ánimo.
Aunque sientas que un revés reciente desarmó tus planes, tu Padre celestial no se ha desentendido de ti. Él ve el esfuerzo honesto que pusiste, conoce tus preocupaciones y tiene poder para abrir caminos donde no los hay. Esta mañana puedes dejar a un lado la frustración y descansar en su fidelidad. ¿Entregarás hoy tus dificultades en las manos de Dios, creyendo que en Él harás proezas?

Oración:
Padre celestial, pongo delante de ti las decisiones que no salieron como esperaba y el desánimo cuando las cosas se complican. Quita de mi corazón la queja, renueva mi confianza en tus promesas y ayúdame a reflejar tu amor y tu paz ante mi familia y quienes me rodean hoy. En el nombre de Jesús, amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
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