Domingo 4 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | El Juez que no Falla

«Se alegrará el justo al ver la venganza; se lavará los pies en la sangre del malvado». (Salmo 58:10, NVI)

Al terminar la reunión, Lorena caminó hacia el estacionamiento con un nudo en la garganta. Había pasado semanas preparando una propuesta con esmero; sin embargo, frente a los jefes, un compañero se adelantó, presentó las ideas como suyas y recibió todos los elogios. El impulso de volver a la oficina para desenmascararlo era intenso. Pero una vez sentada en su auto, a solas y antes de encender el motor, decidió no dejarse arrastrar por la indignación; respiró hondo, oró con lágrimas ante Dios y prefirió no pagar con la misma moneda, confiando en que el Señor lo había visto todo.
David entendía muy bien lo que se siente cuando alguien actúa con deslealtad. En el Salmo 58 alzó su voz contra líderes que usaban su poder para pisotear a los demás: «¿En verdad dictan ustedes sentencias justas? ¿Juzgan con rectitud a los seres humanos? ¡No! En el corazón traman injusticias, y en el país pesan la violencia de sus manos» (Salmo 58:1-2, NVI). Aunque el versículo diez suena severo hoy, no era una invitación al odio ni a la venganza personal, sino la certeza de un corazón que descansaba en una verdad firme: «Ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra» (Salmo 58:11, NTV). David sabía que ante Dios ninguna injusticia queda sin respuesta.
Jesús nos dejó palabras llenas de alivio cuando nos toca enfrentar engaños o malas intenciones: «No les tengan miedo, porque no hay nada encubierto que no llegue a revelarse, ni nada oculto que no llegue a conocerse» (Mateo 10:26, NVI). El Señor te recuerda hoy que ninguna mentira dura para siempre. No desgastes tus fuerzas pensando en cómo defenderte ni te amargues por lo que otros te quitaron. Conserva la integridad en tus acciones; Dios ve lo que sucede en secreto y sabe cuándo y cómo sacar la verdad a la luz. Elena G. de White nos anima a confiar en esa justicia divina:
«Dios es el Juez de toda la tierra […]. Él escuchará el clamor de los oprimidos y hará justicia a los que confían en él» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 140).
Vivir un trato injusto en el trabajo, escuchar mentiras a tus espaldas o ser culpada sin motivo desconcierta y duele profundamente. Es muy comprensible sentir indignación e impotencia al ver que quien te lastimó sigue adelante como si nada. Pero no dejes que el rencor te robe la tranquilidad ni te rebajes a devolver mal por mal. Pon tu dolor en las manos del Señor; Él conoce tu corazón, sabe por lo que estás pasando y sabrá defenderte en el momento justo.
¿Elegirás hoy soltar el rencor y dejar que Dios defienda tu causa con perfecta justicia?

Oración:
Padre celestial, gracias porque tus ojos ven lo que nadie más ve y tu justicia nunca falla. Libra mi corazón del enojo y ayúdame a no pagar mal por mal. Hoy elijo descansar en tu verdad en vez de intentar defenderme sola. Cuida tú de mi testimonio y sé el defensor de mi vida, en el nombre de Jesús, Amén.
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