3 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Jóvenes 2026 | Bajo la sombra de sus alas
«Ten compasión de mí, oh Dios, ten compasión de mí, que en ti confío. A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro». — Salmos 57:1 (NVI)
Valeria bloqueó la pantalla del teléfono con el corazón acelerado mientras estaba sentada en la sala de su casa. En el grupo familiar de WhatsApp se había armado un pleito tremendo entre tíos y primos por temas de dinero y quejas del pasado, presionándola para que tomara partido a favor de unos y en contra de otros. El ambiente se puso tan pesado que sintió unas ganas enormes de escribir con furia y desahogarse diciendo cuatro verdades. Cuando los problemas en casa estallan de repente, el enojo suele empujarnos a reaccionar sin pensar y a empeorar las cosas; con todo, echarle más leña al fuego de las discusiones solo destruye la paz en la casa y nos hace olvidar que Dios es nuestro refugio seguro.
David escribió esta sentida oración desde el fondo oscuro de una cueva, mientras huía del rey Saúl, quien quería matarlo: «Mi vida está en medio de leones; […] sus dientes son lanzas y flechas; su lengua, una espada cortante» (Salmos 57:4, NVI). En vez de llenarse de odio o planear una venganza armada en aquel escondite frío, el joven salmista decidió calmar sus emociones y buscar el amparo del Altísimo, seguro de que el amor de Dios era más fuerte que cualquier rencor: «Tu amor es tan grande que alcanza hasta los cielos; ¡tu fidelidad llega hasta las nubes!» (Salmos 57:10, NVI). Esa misma compasión protectora la demostró Jesús cuando miró a Jerusalén desde la colina y lloró por la terquedad de la gente. Lejos de desearles un castigo o guardarles resentimiento, el Maestro exclamó con ternura: «¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas!». Cristo nos enseñó que el verdadero amor no responde a los ataques con más veneno, sino que ofrece un espacio seguro donde el corazón herido puede calmarse y sanar.
Buscar el abrigo de Dios en medio de los conflictos familiares frena los impulsos destructivos y nos llena de paciencia. Quien acude a Jesús en medio de las tensiones en el hogar entiende que la mejor decisión no es pelear, sino quedarse bajo el cuidado de Dios hasta que las aguas se calmen.
Elena G. de White subraya la seguridad indestructible que encontramos bajo el amparo divino:
«Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. […] En los brazos de su amor hallamos descanso y completa seguridad» (El ministerio de curación, p. 192).
Aprender a refugiarnos en Jesús renueva nuestro ánimo y fortalece la hermosa esperanza de su pronto regreso, cuando las divisiones familiares quedarán en el pasado y viviremos en completa paz para siempre.
Llamado a la acción
¿Hay tensiones o peleas en tu familia que hoy te están quitando la tranquilidad? No respondas con aspereza ni alimentes el conflicto; busca un momento a solas, entrégale esa carga a Jesús y deja que su paz cuide tus emociones.
Las tormentas familiares pasan; busca hoy la sombra de Dios y su amor cuidará tu corazón.
Oración:
Señor Jesús, me cuesta mucho mantener la calma cuando las discusiones y los reclamos rompen la armonía en mi casa. Ayúdame a no explotar de coraje, cúbreme bajo tus alas protectoras y dame la paciencia necesaria para llevar paz a mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.
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