29 de septiembre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Cuando Vuelva la Alegría

«¡Quién diera que desde Sión viniera la salvación para Israel! Cuando Dios restaure a su pueblo, se regocijará Jacob y se alegrará Israel». (Salmo 53:6, NTV)

En las zonas áridas del desierto, el suelo reseco parece un terreno muerto durante meses. No se percibe ningún asomo verde en la superficie, pero bajo el polvo reposan millones de diminutas semillas esperando la lluvia tardía. Cuando caen los primeros aguaceros, casi de la noche a la mañana, aquellas quebradas se cubren de flores coloridas. La tierra no había muerto; aguardaba el instante fijado por el Creador para renovar su belleza.
Atravesar una temporada de duelo o sentir la ausencia de alguien amado apaga el ánimo con una pesadez difícil de explicar. Mirar alrededor y contemplar tanta frialdad en el mundo hace que nos preguntemos cuándo terminará tanto sufrimiento. En el Salmo 53, David observa cómo la indiferencia y el olvido de Dios parecen reinar en todas partes, pero no concluye en la queja amarga; clama con certeza por la redención: «Dios mira desde los cielos a los seres humanos, para ver si hay alguien con entendimiento, alguien que busque a Dios» (Salmo 53:2, NVI). El salmista sabía que la aflicción terrenal no es eterna, pues el Señor tiene reservado un tiempo de restauración para sus hijos.
Jesús comprendió ese llanto cuando se acercó a la aldea de Naín. Allí avanzaba un cortejo fúnebre que despedía al único hijo de una madre viuda, una mujer que lo había perdido todo; el Maestro se detuvo conmovido: «Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: —No llores. Entonces se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Jesús dijo: —Joven, a ti te digo, ¡levántate!» (Lucas 7:13-14, NVI). Cristo no pasó de largo; interrumpió el luto, devolvió la vida al muchacho y consoló a la madre, demostrando que su amor siempre llega a tiempo para rescatar el corazón herido. Elena G. de White subraya esta infinita compasión que sostiene nuestra paz mental:
«Ninguna lágrima es derramada sin que él lo note. No hay aflicción que conmueva el corazón humano sin que él la sienta […]. Dios intervendrá a favor de sus hijos en el momento oportuno» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 143).
Amiga, el dolor que hoy nubla tus ojos no durará para siempre. Aunque sientas que atraviesas una temporada árida donde el consuelo tarda en brotar, el Señor no se ha olvidado de ti. Confía en su cuidado, entrega tus angustias en sus manos y descansa en la promesa de que Él cambiará tu tristeza en cánticos de alabanza.
¿Confiarás hoy en la promesa de Jesús de renovar tu esperanza en medio de la aflicción?

Oración:
Padre celestial, hoy acudo a ti con el corazón cansado por el dolor de las pérdidas que todavía pesan en mi memoria. A veces siento que las fuerzas se me acaban y que el alivio demora en llegar. Gracias porque tú ves cada una de mis lágrimas y me aseguras que la tristeza no tendrá la victoria final. Devuélveme el gozo, fortalece mi fe y llena mi hogar con tu bendita esperanza, en el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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