Lunes 28 de septiembre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | La firmeza del olivo verde
«Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre» (Salmo 52:8, RV1960).
En los terrenos secos del Mediterráneo, los olivos sobreviven a sequías larguísimas y veranos sofocantes. Mientras el pasto tierno se seca en pocos días y los arbustos débiles mueren, el olivo se mantiene verde gracias a raíces profundas que perforan la roca buscando humedad bajo tierra. El viento caliente sacude su copa con fuerza, pero el árbol sigue dando fruto. Su resistencia no depende de la lluvia pasajera, sino de corrientes ocultas que nunca se acaban.
David escribió estas palabras mientras escapaba del rey Saúl tras la traición de Doeg el edomita, quien delató con maldad a inocentes para ganar favores del poder. Frente a la arrogancia de quienes usan la palabra para destruir al prójimo, el salmista no se llenó de amargura ni buscó venganza; levantó los ojos al cielo y exclamó: «¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua» (Salmo 52:1). David sabía que el malvado cae pronto, pero quien confía en Dios permanece firme.
A casi todos nos ha tocado lidiar con personas arrogantes que se creen intocables. A veces es alguien con dinero o influencias que usa sus contactos y mentiras para perjudicar al que lleva las de perder. Al ver cómo presume y se burla sin que nadie le ponga un alto, dan ganas de pensar que el tramposo siempre se sale con la suya. Sin embargo, guardar ese enojo solo nos amarga por dentro y nos quita el sueño. Cuando nos toca vivir esa injusticia de cerca, lo que de verdad vale es no pagar con la misma moneda y no dejar que la maldad ajena nos cambie.
Jesús conoció muy bien ese dolor cuando los poderosos de su tiempo usaron sobornos y testigos falsos para condenarlo injustamente. A pesar de las burlas y del abuso de autoridad, el Salvador jamás respondió con odio; guardó silencio con mansedumbre y encomendó su causa a su Padre celestial. Cristo entiende la impotencia que sientes ante la arrogancia de otros, sostiene tu fe cuando te sientes desprotegido y volverá muy pronto para hacer justicia y borrar todo llanto.
Elena G. de White destaca el tierno cuidado del Señor en medio de nuestras penas:
«Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, cuidados y temores. No puedes sobrecargarlo ni cansarlo […]. Su corazón de amor se conmueve por nuestras tristezas y aun por nuestra presentación de ellas» (El camino a Cristo, p. 100).
Recordar hoy esa promesa cambia nuestra manera de actuar: nos ayuda a no guardar rencor, a orar por quien nos trata con altanería y a seguir viviendo con rectitud y humildad en nuestro entorno diario.
Si hoy estás sufriendo por los atropellos de alguien prepotente, no te rindas. Tu Padre celestial conoce la injusticia que viviste, ve las lágrimas que callaste y jamás te dejará desamparado. Esta mañana puedes soltar el afán de hacer justicia por tu cuenta y descansar en la fidelidad de Dios. Él te mantendrá firme, como un olivo verde en medio de la sequía. ¿Te animas hoy a perdonar a quien te lastimó y dejar tu causa en manos de tu Salvador?
Oración:
Señor Jesús, calma la impotencia que siento ante la prepotencia de quienes se creen intocables. Limpia mi corazón de todo rencor, afirma mi fe en tu amor y ayúdame a vencer el mal haciendo el bien en esta jornada. En el nombre de Jesús, amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
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