Viernes 11 de septiembre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Cuando la justicia de Dios responde por ti

«Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día» (Salmo 35:28, RV1960).

Un experto restaurador de pinturas antiguas recibe un lienzo cubierto de polvo, manchas y barniz oscurecido por los años. Quien observa la obra deteriorada podría pensar que el cuadro original está arruinado para siempre. Sin embargo, el restaurador no se apresura ni raspa la tela con violencia; aplica con paciencia sustancias especiales que disuelven la suciedad capa por capa, hasta revelar los colores vivos y la firma auténtica del autor. La verdad de la obra queda a la vista no por la fuerza, sino por la paciente pericia del maestro.
David experimentó la amargura de ser calumniado por personas a quienes él mismo había servido con amor en sus momentos de dolor. En su oración, el siervo de Dios expone la herida provocada por la ingratitud ajena: «Me devuelven mal por bien, para afligir a mi alma. Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma» (Salmo 35:12-13). En lugar de tomar venganza con sus propias manos o pagar con la misma moneda, decide presentar su causa ante el Juez supremo: «Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, y no se alegren de mí» (Salmo 35:24). Sabía que la reivindicación no vendría del debate humano, sino de la fiel intervención divina.
Todos hemos sentido el golpe de una traición, el dolor de un rumor falso en el trabajo o un malentendido hiriente entre hermanos de iglesia. En tales circunstancias, la reacción natural es defenderse airadamente, guardar rencor o pagar desprecio con desprecio. Sin embargo, desgastarse en discusiones solo roba la tranquilidad en el hogar y apaga la comunión con el cielo.
Cristo soportó en silencio el juicio injusto y las falsas acusaciones, dejando un ejemplo perfecto de paciencia. Durante sus recorridos por las aldeas, los fariseos intentaron tenderle trampas y desacreditar sus milagros de compasión, pero Él siguió haciendo el bien, sanando a los enfermos y perdonando a sus detractores. Nuestro Salvador conoce cada agravio que sufres y aboga por tu causa con tierno amor. Además, la bendita esperanza nos llena de seguridad al recordar que muy pronto volverá en gloria para vindicar la verdad y hacer justicia perfecta para todos sus hijos.
Elena G. de White nos aconseja cómo actuar ante los agravios:
«No vale la pena que nos irritemos ni nos descorazonemos […]. Dios conoce cada circunstancia penosa. Si confiamos en él, nos sostendrá en toda prueba y vindicará nuestra integridad en su propio tiempo» (El discurso maestro de Jesucristo, p. 110).
Vivir confiados en el Señor hoy significa renunciar a la venganza, bendecir a quienes nos ofenden y permitir que Dios defienda nuestro buen nombre mientras nos ocupamos en servir con alegría.
Las mentiras y las ofensas no tienen la última palabra sobre tu vida. ¿Entregarás hoy tus heridas a Jesús para que su paz llene tu corazón de alabanza?

Oración:
Señor Jesús, pongo en tus manos mis sentimientos heridos y las injusticias que he sufrido. Ayúdame a no guardar rencor, a perdonar de corazón y a callar ante la provocación. Defiende mi causa según tu justicia, guarda mi hogar en paz y enséñame a reflejar tu amor y tu gracia en todo momento. En tu santo nombre, amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
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