Martes 21 de julio del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | ¿Cómo se justificará el hombre?
El señorío y el temor están con él; él hace paz en sus alturas. ¿Tienen sus ejércitos número? … ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?» — Job 25:2-4
El vigésimo quinto capítulo de Job expone el tercer y último discurso de Bildad de Súa, una intervención sumamente breve que revela el agotamiento de los argumentos humanos frente al misterio del sufrimiento. Bildad decide evadir por completo las preguntas del patriarca sobre las aparentes injusticias terrenales y prefiere exaltar, con justa razón, el señorío absoluto y la majestuosidad del Omnipotente, quien establece la concordia en las alturas celestiales y gobierna sobre ejércitos incontables de ángeles. Sin embargo, el consejero vuelve a tropezar al aplicar esta verdad sublime de manera desalentadora, sugiriendo que ante la pureza infinita de un Dios frente a quien ni la luna es brillante ni las estrellas son limpias, el ser humano no es más que un gusano desprovisto de valor y completamente incapaz de alcanzar la santificación.
Esta perspectiva desproporcionada desfigura el maravilloso plan de redención al presentar la santidad del Creador como una barrera insalvable en lugar de un tierno llamamiento a la restauración. Bildad formula una pregunta doctrinal correcta sobre cómo puede el hombre ser limpio, pero ignora que el Cielo ya ha provisto la solución. Esta inquietud encuentra su respuesta perfecta y definitiva en el resto de las Sagradas Escrituras. Siglos más tarde, el apóstol San Pablo resolvió este dilema teológico al declarar con gozo en Romanos 5:1: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». Asimismo, el profeta Isaías nos consuela al registrar la invitación del Altísimo en Isaías 1:18: «Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana». Estas promesas demuestran que nuestra pequeñez no aleja el amor divino, sino que activa Su gracia infinita.
Esta lección sacude profundamente nuestra experiencia devocional y el desarrollo del carácter en la rutina diaria. Al contemplar la inmensidad de la ley moral y las horas solemnes del juicio en las que nos encontramos, la mente es tentada por el desánimo o por un sentimiento de indignidad paralizante que nos lleva a exclamar que somos incapaces de vencer el pecado. El enemigo de las almas utiliza el argumento de Bildad para sugerirnos que el esfuerzo por mantener una vida de consagración es inútil y que el Cielo nos mira con frialdad. Las Escrituras nos amonestan a desterrar ese desespero espiritual, comprendiendo que el reconocimiento de nuestra flaqueza debe guiarnos a abandonar toda autosuficiencia y a aferrarnos con humildad a los méritos del Salvador.
En las páginas inspiradas se destaca la obra maravillosa de la gracia que transforma nuestra bajeza en victoria espiritual:
«La santidad infinita del Creador no debe infundir un temor terrorífico que nos aleje de su presencia, sino una humilde confianza en sus promesas… El Salvador no contempla al ser humano arrepentido como a un gusano despreciable, sino como a un alma de valor infinito por la cual vertió su propia sangre en el Calvario. La piedad práctica se manifiesta cuando deponemos el orgullo, aceptamos el don inmerecido de la justificación y permitimos que el Espíritu Santo hermosee nuestro carácter día tras día» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 64).
Nuestra seguridad de salvación se encuentra resguardada de manera exclusiva en la obra intercesora de Jesús, quien en el lugar santísimo del santuario celestial presenta Su justicia perfecta para cubrir nuestras imperfecciones. Él se despojó de Su gloria regia y descendió a nuestra humilde condición humana, sufriendo el desamparo total en la cruz para deponer el acta de condenación que nos cercaba. La fe genuina actúa por el amor, ahuyenta la desesperación legalista y nos capacita para persistir en la rectitud de conducta en nuestras labores cotidianas. Por lo tanto, frente a las acusaciones que intentan rebajar nuestra esperanza, nos fortalecemos con la declaración de la profecía en Apocalipsis 12:11: «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…», la bendecida promesa de que los santos prevalecieron sobre el acusador gracias al sacrificio expiatorio y a la constancia de su consagración.
Oración
Padre celestial, soberano, majestuoso y lleno de gracia incalculable, acudo ante tu presencia reconociendo con profunda humildad mi pequeñez y mi total incapacidad para ser limpio por mis propios esfuerzos en mi caminar diario. Te pido perdón por las ocasiones en que he permitido que el desánimo eclipse mi confianza en tus consejos y promesas divinas en mis actividades cotidianas. Gracias por proveer el sacrificio de tu Hijo como el único puente de reconciliación. Revísteme con Sus vestiduras de justicia inmaculada, aviva mi fe, disipa todo temor legalista de mi mente y mantén mi mirada fija en la intercesión de mi Redentor, Cristo Jesús, en cuyo dulce nombre lo ruego. Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
Lecturas Devocionales para Adultos 2026
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