1 de abril del 2026 | Devoción Matutina para Jóvenes 2026 | Sabiduría animal

«El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; pero Israel no conoce, mi pueblo no tiene discernimiento». Isaías 1:3

EI ser humano es una criatura singular, hecha a imagen de Dios en los aspectos físico, mental y espiritual. A diferencia de los animales, el ser humano posee sentido moral, libertad autoconsciente, lenguaje proposicional y la capacidad de reconocerse a sí mismo y reflexionar sobre su existencia.
A pesar de que tenemos enormes ventajas sobre los animales, el texto de hoy hace una comparación intrigante. Dios afirma que el buey y el asno conocen a sus dueños y hasta el lugar donde comen, pero Israel no sabe nada acerca de Dios. No hay amor, obediencia ni dependencia de esos hijos hacia el Padre. El pueblo profeso de Dios vive como si él no existiera, lo que es una forma de ateísmo. Al darle la espalda al Creador, los seres humanos llegan a un nivel inferior, incluso respecto a los propios seres irracionales.
En otros momentos de la historia humana, muchas personas han reproducido esta misma postura insensata. ¿Recuerdas el diluvio? Noé predicó durante 120 años sobre el juicio divino, pero nadie creyó, excepto su familia.
Entonces, Dios ordenó que los animales entraran en el arca de dos en dos.
¡Ellos obedecieron! Elena G. de White describió que «entraron en el arca en perfecto orden. Los animales obedecían la palabra de Dios, mientras que los hombres la desobedecían (Patriarcas y profetas, p. 75).
La Biblia también cuenta la historia de Balaam. Después de la petición de Balac, rey de Moab, el profeta partió para maldecir al pueblo de Israel.
Cuando iba en camino, un ángel del Señor se puso frente al asna de Balaam con la intención de impedir el viaje. Esto ocurrió tres veces, y en cada una de ellas el animal se detuvo al ver al ángel. Sin embargo, la tercera vez Balaam se enfureció y empezó a golpear su único medio de transporte. Increíblemente, ¡el asna empezó a hablar, reprendiendo la actitud de su dueño! ¡Qué contradicción! Un animal irracional fue más sabio que un profeta. Gracias al asna y a la misericordia divina, la vida de Balaam fue preservada. Siglos después, ocurrió lo mismo con Jonás y, posteriormente, con Pedro. Dios usó animales (un pez y un gallo, respectivamente) para corregir el rumbo de los siervos insensatos.
¿Será que Dios necesitará usar un animal para enseñarte alguna lección?
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2026



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