29 de noviembre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025 | Motivos para hablar

«Una sirvienta, al verlo sentado junto al fuego, se quedó mirándolo y dijo: «También este estaba con él»» (Lucas 22. 56)

¿Qué beneficio podía recibir aquella mujer que gritó a todos: «También este estaba con él»? Puedo suponer que ninguno. Sin embargo, sabía que era amigo del arrestado y era obvio que había estado presente en varios sucesos de la vida de Jesús; de otra manera, no habría reconocido a uno de los más allegados al Maestro. Nadie le preguntó, pero ella se sintió con la obligación de señalar a Pedro y descubrirlo delante de la gente. Quizás los romanos le agradecerían por su información. Aunque solo podemos especular sus motivos, tomaremos su caso para la lectura de hoy.
¿Qué te motiva a comunicar aquello que comunicas, cuando lo comunicas? Por ejemplo, cuando te enteras de un suceso de esos que afectan la reputación de terceros, ¿qué haces con la información? ¿Te encargas de que otras personas también lo sepan? ¿Con qué objetivo? Quizás si lo comunicas a la persona adecuada para que el pecador reciba ayuda y pueda ser redimido, sería un buen motivo para hablar. De lo contrario, tus palabras solo son motivadas por satisfacer la curiosidad de los demás, alimentar tu círculo informativo y «matar» a tu prójimo. Tal actitud no es aceptada por el cielo.
Jesús mismo advirtió al pueblo de Israel recién salido de Egipto que no siguieran estas prácticas: «No andes con chismes entre tu gente. No tomes parte en el asesinato de tu prójimo. Yo soy el Señor» (Levítico 19: 16). ¿Te das cuenta? El chisme atenta contra la vida del prójimo. El apóstol Pablo no fue tan delicado a la hora de llamar la atención en cuanto al chisme, y le escribió a Timoteo: «Aprenden a ser ociosas y a andar de casa en casa; y no solamente se vuelven ociosas sino también chismosas y entrometidas, y hablan de lo que no deben (1 Timoteo 5: 13, RVC). Suena duro, sin embargo, debemos reconocer que el apóstol se está refiriendo a nuestro género.
Querida amiga, no hemos sido designadas jueces ni espías de los demás, como hizo la mujer que acusó a Pedro. Nuestra tarea es ayudar a redimir al caído, no ayudarlo a morir. Realmente nuestras palabras matan o redimen.
¿Cuáles son tus motivos para hablar? Pide a Dios abundante sabiduría para no comunicar lo que no te corresponde; y si vas a hablar, que tus palabras sean para dar vida.

Posdata: Feliz porque mis palabras dan vida.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025



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