27 de noviembre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025 | Vajilla limpia, corazón sucio

«El Señor le dijo: «Ustedes los fariseos limpian por fuera el vaso y el plato, pero por dentro están llenos de robo y de maldad»» (Lucas 11:39, RVC).

Imagina que estás usando un vaso para tomar atole de avena. Terminas de usarlo, lo lavas solo por fuera y lo pones a escurrir. A la mañana siguiente agarras el mismo vaso para servirte un atole de arroz con leche; vuelves a lavarlo por fuera únicamente y lo pones en el escurridor. ¿Lo dejamos aquí, o podernos volver a utilizarlo? Aunque estoy segura de que ni siquiera en tu imaginación pusiste el arroz con leche en el vaso, porque sabías que estaba sucio y mal oliente por dentro, aunque estuviera limpio por fuera.
Esta es la comparación que hizo el Maestro en el texto de hoy. Pudiera parecer que Jesús buscaba cualquier oportunidad para atacar a los fariseos, pero no es así. Si bien ellos lo provocaban, Jesús siempre quiso que, por sus reprensiones amorosas, reconocieran sus errores. Aquel día, un fariseo invitó a Jesús a comer a su casa. Y para que veamos que él no los rechazaba ni estaba en guerra con ellos, aceptó la invitación. Jesús entra a la casa y se dirige a la mesa.
El fariseo esperaba que Jesús primero se lavara las manos, pero se sentó a la mesa sin lavárselas. Sirvieron la comida y Jesús comenzó a comer sabiendo lo que su anfitrión estaba pensando sobre sus manos sucias. Entonces dijo, mientras partía un pedazo de pan: «Ustedes los fariseos limpian por fuera el vaso y el plato, pero por dentro están llenos de robo y de maldad». Y siguió comiendo. No era pecado; no obstante, los fariseos habían catalogado como pecado el hecho de no lavarse las manos antes de comer. Se lavaban las manos, se vestían con pomposas túnicas y se pavoneaban por el templo y por la ciudad presumiendo de pulcritud, cuando en realidad estaban como nuestro maloliente vaso de atole de avena. Robo y maldad es lo que Jesús dijo que tenían por dentro.
Muchas veces no estamos lejos de ser como los fariseos del Nuevo Testamento: cantamos, predicamos, nos mantenemos activas en las actividades de la iglesia y, sin embargo, nuestro corazón está lleno de orgullo, envidia, chisme y presunción. Un vaso así no es útil para los demás. La buena noticia es que no importa qué parte de la vajilla seamos en la iglesia, si le pedimos a Jesús que lave nuestro interior, él nos dejará relucientes.

Posdata: Feliz porque él me lava.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025



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