Miércoles 6 de agosto 2025 | Devoción Matutina para Adultos 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2025 CON JESÚS HOY Roberto Badenas Lecturas Devocionales para Adultos 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2025
CON JESÚS HOY
Roberto Badenas
Lecturas Devocionales para Adultos 2025

Tras la tempestad, la calma

AGOSTO: EN MIS LUCHAS

«[Sus discípulos] lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro!, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Él, levantándose, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!” Entonces cesó el viento y sobrevino una gran calma» (Marcos 4: 38-39).

Una marejada violenta azota el lago y amenaza con destrozar la frágil barca donde viajan Jesús y sus discípulos. Tras pasar toda la noche intentando capear el temporal, vencidos por el agotamiento y al borde de la desesperación, por fin acuden implorando ayuda al Maestro, que aparentemente duerme.
En este inestable mundo nos toca a menudo tripular nuestras naves entre huracanes y borrascas. Nos gustaría no tener que hacerlo. Pero las tempestades también afectan a los hijos de Dios porque, ya lo sabemos, él «no hace acepción de personas» (Hech. 10: 34).
Este relato contiene para mí una parábola permanente de la realidad de la vida, con sus inesperados temporales. Aquella frágil barca, sacudida y golpeada por las olas, a punto de zozobrar, es también una imagen realista de los momentos de prueba de nuestra propia existencia: problemas personales, rupturas afectivas, tragedias familiares, conflictos laborales o crisis espirituales.
En medio de ciertas tempestades no es fácil dominar el timón, sortear los escollos, y salir indemnes. ¡Qué alivio saber que Cristo está siempre a nuestro lado, aunque parezca que duerme! Está con nosotros en la tormenta, pero no para evitarla, sino para darnos fuerzas para hacerle frente y ayudarnos a superarla.
Con él estamos seguros de llegar a nuestro destino, quizá sin parte del cargamento, incluso con el mástil roto o sin velas, pero sin haber perdido el rumbo, pilotados por el Maestro hasta el fin.
Cuando las lágrimas nos inundan el alma y las desgracias nos azotan como vendavales, cuando la oscuridad nos impide ver el cielo hasta en la imaginación, cuando el agotamiento y el desánimo nos empujan a abandonar la lucha, es el momento de acudir a Cristo sin demora y entregarle el timón.
El Creador de nuestros corazones y de nuestras mentes sabe cómo darles la paz y la calma que necesitan. Solo espera nuestro consentimiento para intervenir en nuestra vida.

Señor, tú conoces mis luchas y mi incapacidad para resolverlas yo solo. Toma hoy el timón de mi barca y dame tu paz.
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CON JESÚS HOY
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