17 de abril 2022 | Devoción Matutina para Adultos 2022 | «No te olvides»

«Cuídate de no olvidarte de Jehová, tu Dios». Deuteronomio 8:11

IMAGINEMOS LA ESCENA. El pueblo de Israel está por poseer la tierra prometida a Abraham y a su descendencia. Por su falta de fe, han vagado durante cuarenta años por el desierto; y ahora, mientras acampan en las llanuras de Moab, Moisés prepara al pueblo para la ocupación de Canaán.
¿De qué les habla Moisés, a sabiendas de que es poco el tiempo que le queda como líder del pueblo? Les habla de la fidelidad de Dios a las promesas del pacto hecho a sus padres. Les habla de cómo Dios los liberó de la servidumbre egipcia y de la forma milagrosa como los condujo durante su marcha por el desierto. En otras palabras, los exhorta a no olvidar.
¿Por qué ese llamado a no olvidar? Para poder responder, primero hemos de entender lo que en el Antiguo Testamento significan las palabras olvidar y recordar. En opinión de Lawrence O. Richards, para la mentalidad hebrea «olvidar» equivale a no dar a los hechos del pasado una aplicación significativa en el presente. O sea, significa no aprender de nuestros errores.
De manera correspondiente, el llamado a «recordar» implica mucho más que el simple acto de traer a la memoria hechos del pasado. Según Richards, incluye «enfocar la memoria en lo que Dios es y lo que él ha hecho en favor de Israel»; lo cual debe dar como resultado una vida de obediencia. Algo así como «contar nuestras bendiciones».
¿Qué es lo que, según Moisés el pueblo de Israel no debía olvidar? Leamos:
«Cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre» (Deut. 6: 12).
«Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová, tu Dios, estos cuarenta años en el desierto […]. El vestido que llevabas puesto nunca envejeció, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años» (8: 2, 4).
«Cuídate de no olvidarte de Jehová, tu Dios, para cumplir los mandamientos, decretos y estatutos que yo te ordeno hoy» (8: 11).
En pocas palabras, los israelitas debían recordar lo que ni tú ni yo podemos darnos el lujo de olvidar: que Dios no solo es nuestro Libertador, sino también nuestro Sustentador, y que, por amor a Aquel que nos amó primero, hemos de cumplir sus mandamientos.
¿Has sido liberado de la servidumbre del pecado? ¿Tienes salud, trabajo y pan en la mesa? Si este es el caso, ¿qué tal si ahora mismo inclinas el rostro y elevas una oración de gratitud a nuestro bondadoso Padre celestial?

Gracias, Padre, porque me has perdonado, porque hasta aquí me has ayudado
y porque nada me ha faltado. Eres mi proveedor y mi Redentor. ¿Qué más puedo pedir?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2022



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