9 de septiembre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Plenamente suficiente

Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2Timoteo 2:1.

Las lecciones contenidas en las palabras de Pablo a Timoteo son de la mayor importancia para nosotros hoy. ¿Lo amonesta a ser fuerte en su propia sabiduría? No, sino “en la gracia que es en Cristo Jesús”. El que quiera ser seguidor de Cristo no descansará en su propia capacidad, ni se sentirá confiado en sí mismo. Ni se atrofiará en sus esfuerzos religiosos evadiendo responsabilidades, manteniéndose ineficiente en la causa de Dios… Si el cristiano siente su debilidad, su incapacidad, encontrará que la gracia de Cristo es suficiente para toda emergencia si pone su confianza en Dios.
El soldado de Cristo debe hacer frente a muchas formas de tentación, resistirlas y vencerlas. Mientras más fiero sea el conflicto, mayor provisión de gracia se requerirá para hacer frente a la necesidad del alma… El verdadero cristiano comprenderá lo que significa pasar por serios conflictos y por pruebas; pero crecerá firme y constantemente en la gracia de Cristo para hacer frente con buen éxito al enemigo de su alma… Por momentos las tinieblas le oprimirán el alma; pero la luz verdadera resplandecerá, los brillantes rayos del Sol de justicia disiparán la oscuridad; y… por medio de la gracia de Cristo será capacitado para ser un fiel testigo de las cosas que ha escuchado del inspirado mensajero de Dios… Al comunicar de este modo la verdad a otros, el obrero de Cristo obtendrá una visión más clara de las abundantes provisiones hechas a todos, de la suficiencia de la gracia de Cristo para toda ocasión de conflicto, pesar y prueba. Mediante el misterioso plan de redención, se ha provisto gracia de modo que la obra imperfecta del instrumento humano pueda ser aceptada en el nombre de Jesús, nuestro Abogado.
El hombre tiene poco poder, y puede llevar a cabo sólo una tarea pequeña en el mejor de los casos… Dios es omnipotente, y en cada ocasión en que necesitemos ayuda divina y la busquemos con sinceridad, la recibiremos.— The Review and Herald, 16 de junio de 1896.

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS
Elena G. de White

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