9 de octubre 2020 | Devoción Matutina para Damas 2020 | Un día a la vez

 

UN DÍA A LA VEZ

Lecturas Devocionales para Mujeres 2020

 

“Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros” (1 Ped. 5:7, RVR 95).

 

Mami, cuando lleguemos a casa, ¿qué haremos después de comer?” me preguntaba siempre mi hijo. Quería saberlo todo con anticipación y por eso no lograba estar completamente presente en el momento de regresar a casa, en el camino, en el viaje… Tal vez tú te has encontrado preguntas similares en boca de tus hijos: “¿Qué vamos a cenar esta noche?”, cuando a lo mejor están sentados aún a la mesa del almuerzo.

“¿Y si suspendo el examen de recuperación?”, cuando tal vez no ha hecho siquiera el primer examen, así que no sabe si necesitará un segundo. Estas son ansiedades típicas de los niños y adolescentes, que tal vez puedan tener gracia viniendo de la boca de ellos, pero es más bien triste cuando somos nosotras quienes pronunciamos ese tipo de palabras, porque denotan ansiedad en nuestro interior.

La ansiedad es uno de los síntomas más comunes que se presentan en las consultas a psicólogos de todo el mundo, seguida por la depresión, y no creo que sea casualidad, sino que hay una relación directa entre ambas. La Biblia dice: “La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime” (Prov. 12:25, LBLA), y la depresión es un lugar oscuro que hemos de intentar evitar a toda costa.

Sería ingenuo pensar que porque somos cristianas ya no tenemos problemas de ansiedad por la incertidumbre que nos genera el futuro. Claro que los tenemos, somos humanas y nadie está libre de sentir toda la gama de las

emociones. Lo importante es tener claro que el hecho de sentir emociones como la ansiedad no significa que no tienes fe, o que no eres una buena cristiana.

Significa que el camino cristiano es de progreso, avance y crecimiento, y que algunas respuestas no llegan de un día para otro. Eso no significa que no podamos ir trabajando de manera inteligente en una mejor gestión de las emociones negativas y en un aumento progresivo de nuestra confianza en Jesús, que nos ha dejado su paz para que no nos angustiemos ni tengamos miedo (ver Juan 14:27, DHH).

Leemos en Filipenses 4:6 y 7: “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios” (LBLA). Empecemos por esos pasos: 1) oración a Dios, sabiendo que nos escucha; y 2) acción de gracias por lo que vivimos en el presente.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020



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