9 de octubre 2019 | Devoción Matutina para Jóvenes | Empatía

Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Romanos 12:15.

En un cuarto de hospital un niño de seis meses luchaba por su vida. Nos pusimos un cubrebocas y una bata y entramos. La madre, una mujer joven, nos miró con ojos cansados de llorar y de agotadoras vigilias. Era la primera vez que nos veíamos, pero la adversidad nos hizo sentir que ya nos conocíamos. El dolor nos unió. Una vecina de ellos nos había pedido por teléfono que los visitáramos.

El niño tenía un defecto en el corazón, lo que afectaba sus pulmones. Estaba pálido, respiraba mediante un aparato. Leimos las primeras palabras del Salmo 103, el salmo de los enfermos y, con ojos nublados por el llanto, musité una plegaria. La madre hizo la señal de la cruz. Dentro de media hora llevarían a su bebé a la sala de operaciones.

Me conmovió el estado del niño y también el de la madre. Ella dormía en un sillón en la sala del hospital. Provenía de una ciudad lejana, había costeado su viaje con un poco de dinero que los vecinos juntaron. Ahora estaba ahí, pobre, sola y angustiada.

Al despedirnos, la gratitud y la esperanza iluminaron el rostro de ella. Sentíamos algo de su aflicción y también de su esperanza. Mi esposa y yo salimos del cuarto, dispuestos a regresar al siguiente día con algo de comer para ella, y con nuevas plegarias para él.

Nos enteramos de este caso gracias a una amiga que conocí en mi época de estudiante y que era su vecina. Así extendió la cadena de bendiciones que comenzó cuando ella y otros vecinos se enteraron de la enfermedad del bebé. La semana anterior había estado meditando en la solidaridad que el Señor Jesucristo espera que sus hijos manifiesten con los que sufren. En el sermón de San Mateo 25, él nos llamó a suplir seis necesidades básicas: el hambre, la sed, la vivienda, la ropa, y la visita a enfermos y encarcelados.

Salimos del hospital. El viento del invierno nos reanimó. Atrás quedaban el sufrimiento y la zozobra, pero también la esperanza. Dios existe y es Todopoderoso. Habíamos orado por un milagro y, confiados en que la respuesta divina sería la mejor, proseguimos la rutina de la vida.

El bebé murió, pero no la fe. La madre fue confortada por piadosas damas adventistas, quienes le presentaron a Cristo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2019

VOLANDO ALTO – VALORES

Lecturas devocionales para Jóvenes 2019

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