9 de noviembre 2019 | Devoción Matutina para Adultos | El día en que Pedro se volvió rico

“Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5).

Pedro era un pescador que trabajaba mucho para conseguir el sustento diario y mantener a su familia. Por eso, volver a casa sin haber pescado nada era frustrante y preocupante para él. Sin embargo, el Carpintero le enseñó al gran pescador a pescar: “Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes, para pescar” (Luc. 5:4, DHH), le dijo. Pedro podría haber rechazado la sugerencia, pero reconoció que estaba delante del Maestro y aceptó el desafío.

Aquella fue la mayor pesca de la vida de Pedro, y resultó en dos barcos completamente llenos de peces. ¡Pedro se volvió rico! Todos sus problemas financieros estaban solucionados por un buen tiempo.

Sin embargo, cuando la pesca fue más promisoria, Pedro fue definitivamente pescado por Jesús y se transformó en un pescador de hombres. Entendió que algo sobrenatural estaba sucediendo, cayó de rodillas y dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” (vers. 8, DHH). Finalmente, su corazón estaba preparado. Cristo lo tranquilizó y lo llamó: “No tengas miedo; desde ahora vas a pescar hombres” (vers. ío, DHH).

Tres años después, todo ocurrió otra vez. Desanimado por la muerte de Jesús, Pedro y sus amigos volvieron a pescar (Juan 21:1-14). Frustrado por trabajar toda la noche sin resultados, escuchó el consejo de un desconocido, y el proceso se repitió: él obedeció, volvió con el barco lleno, fue llamado nuevamente y dejó su nueva fortuna para seguir a Jesús una vez más.

En esa ocasión, abandonó definitivamente los peces para salvar personas, y se olvidó de la pesca para entregarse a la misión. La entrega fue definitiva y su lema pasó a ser: “[…] Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29).

El día en que se enriqueció, Pedro tuvo que elegir cuál sería su verdadera riqueza. Escogió no prestar más atención al dinero y permitir que Jesús dedicara su corazón a la salvación y a la misión.

¿Y tú? ¿Qué tipo de riqueza estás buscando? Los tesoros de Dios no pueden ser comparados con nada de este mundo. Por eso, no permitas que ningún tipo de prosperidad comprometa la eternidad. Elige la riqueza correcta.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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