9 de marzo 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Pedido insistente

 “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:2).

La falta de hijos era motivo de vergüenza y sufrimiento para Abraham. Vergüenza, porque parecía que Dios no lo bendecía, y sufrimiento, por no tener un hijo que pudiera continuar el linaje de la familia.

Dios tenía un plan mayor. Abraham intentó “ayudar” al Señor relacionándose con Agar. Sin embargo. Dios no hizo promesas a medias. Cuando la vejez de Abraham no ofrecía mucha esperanza sobre la posibilidad de la paternidad, Dios hizo el milagro. Isaac nació de Sara, su legítima esposa.

Dios impactó en lo profundo del corazón del patriarca. En Génesis 12, el Señor insistió tres veces para que Abraham dejara su tierra. En el capítulo 22, insistió tres veces para que Abraham sacrificara a Isaac. En el capítulo 12, el patriarca es llevado a abandonar el pasado: en el capítulo 22, Dios le pide que se despida de su futuro.

El sacrificio de Isaac fue un pedido insistente de parte de Dios. En la orden divina, tres puntos dolorosos se destacan. El Señor le dice: 1) “Toma a tu hijo”. Cosa terrible para un padre sacrificar al propio hijo. 2) “Tu único hijo”. Isaac era el único hijo de Abraham; perderlo significaría quedar sin su bien más precioso. 3) El Señor agrega: “El hijo a quien amas”. Sin duda alguna, ese aspecto partió el corazón del anciano padre. Dios le pidió a Abraham lo que más amaba en la vida.

Había tres razones para esos tres aspectos del extraño pedido de Dios. El Señor quiso probar la grandeza de la fe y de la entrega de Abraham. Pretendió que Abraham experimentara lo que Dios iba a sentir al sacrificar a su propio Hijo, ofreciendo una ilustración más realista del sacrificio de Jesús. Y, aún más fuerte: Dios pidió lo que estaba ocupando el centro del corazón de su siervo. Era lo más importante que él tenía, lo que se había transformado en su prioridad. J. Oswald Sanders afirma que “no era a Isaac a quien Dios quería, sino a Abraham”.

Cuando alguna cosa, por más justa que sea, comienza a ocupar el centro de la vida y el lugar que pertenece a Dios, él pide que sea depositada sobre el altar del sacrificio. Es el momento de la prueba. Pero también la oportunidad de salvación. ¿Hay alguna cosa que estés necesitando sacrificar a Dios?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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