9 de febrero | Devocional: Alza tus ojos |  Cada día hay que elegir, y hacerlo con mucho cuidado

«La enseñanza de tus palabras ilumina; y hasta la gente sencilla las entienden». Salmo 119: 130, RVC

CUANTO MÁS A MENUDO SE LEE EL NUEVO TESTAMENTO, más instructivo resulta. La belleza de su lenguaje no puede cansar a nadie, porque sus mensajes son auténticas perlas. Cuanto más profundamente sean investigados, tanto más nueva y más espléndida será la luz emitida por ellos. En la medida que estudiemos la Palabra con humilde y confiada intención, mejor conoceremos la senda por la que debemos andar a fin de alcanzar el Paraíso de Dios.

Recibimos vida de Cristo mediante el estudio de su Palabra. «En él estaba la vida» (Juan 1: 4); vida original, no prestada. Cristo es la fuente de vida. Recibimos vida del Salvador, pues puso la suya «para volverla a tomar» (Juan 10: 17). La vida que nos ha sido dada por Dios debiera ser utilizada de la mejor manera, porque como instrumentos humanos estamos eligiendo nuestro propio destino. Necesitamos escoger sabiamente para relacionamos con quienes nos capacitarán mejor, en cuerpo, alma y espíritu, para alcanzar la patria futura, la celestial. Al elegir amistades no debiéramos colocamos bajo influencias que pudieran resultar de algún modo desfavorables en la formación de principios puros y correctos, pues necesitamos todo el apoyo posible para que en nuestra relaciones podamos desarrollar caracteres de acuerdo con la semejanza de Cristo.

Cristo dice: «Al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono» (Apoc. 3:21). Siempre habrá tentaciones que enfrentar; así que cada vez que cedamos a ellas nos estaremos colocado del lado perdedor, y al sufrir una derrota tras otra, llegará a ser un hábito hacer lo erróneo en lugar de lo correcto; con lo cual demostraríamos haber escogido desarrollar los principios y atributos de Satanás más bien que los principios y atributos de Jesucristo. […]

Un cristiano no escogerá como objeto de sus afectos a quien, con su conducta, menosprecie a Jesucristo crucificando diariamente al Hijo de Dios y exponiéndolo al vituperio. Con sus acciones y conversación ese tipo de personas revela que no tienen respeto por quien dio su vida por la salvación de la humanidad, y soportó la pobreza y la tentación, fue abnegado y se sacrificó por todos nosotros. Durante toda su vida terrenal fue menospreciado e incomprendido, incluso entre los miembros de su propia familia.

Satanás estaba constantemente sugiriendo a los hermanos de Jesús, los hijos de José, críticas acerca de quien se veía tan distinto a ellos. Rehusó toda invitación al mal, porque nada ni nadie pudo persuadirlo a que aceptara hacer lo malo, ni a desviarse en lo más mínimo del «Escrito está». Parecía tener la Escritura atesorada en el corazón y en la mente. Rara vez reprendió la conducta de sus hermanos, pero siempre tuvo una palabra de Dios para decirles: «Escrito está».— Manuscrito 2, 9 de febrero de 1896, sin título.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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Devocional

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