9 de febrero 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | ¡Hipócritas!

“Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de robar, ¿robas?” (Romanos 2:21, 22).

¿Qué es un hipócrita? Alguien que actúa, que interpreta un papel, que finge y usa máscaras que ocultan su verdadero rostro. La hipocresía tiene dos herramientas básicas que pueden actuar de manera individual o combinadas:

  • la simulación, que consiste en mostrar algo distinto de lo que se es,

  • el disimulo, que oculta lo que no se quiere mostrar.

En Romanos 2 Pablo plantea actitudes hipócritas de los judíos: en primer lugar, se jactan en la ley porque creen que ella los hace superiores. La jactancia es siempre pecado, incluso de un hecho cierto; pero mucho más si trata de una falsedad.

Los compatriotas y excorreligionarios de Pablo habían llegado a creer que, por conocer la voluntad divina, eran superiores, guías y maestros de los demás. En realidad eran instructores, pero no practicantes. Tenían la forma, pero no, fondo ni contenido. El apóstol les dice que llevan el nombre de judíos como un título y como una pretensión; pero, solo de palabra.

Tenían el conocimiento intelectual, pero no, experimental; es decir algo que no llenaba ni el corazón ni el espíritu. Es como la lluvia sobre un cuerpo: puede mojarlo, humedecerlo, enfriarlo y calentarlo; o sea, todos efectos externos. No hay humilde dependencia, ni lealtad, ni obediencia. No hay más que jactancia, hipocresía y… pecado.

La segunda actitud es que al no practicar lo que enseñaban, pasaban de la jactancia hipócrita a la falsedad hipócrita. Decían, pero no hacían, pretendían ser maestros; pero ni siquiera eran alumnos. Pablo denuncia su hipocresía en la enseñanza, la predicación, la moral, la religión y la doctrina; todo aquello que exigía fidelidad, autenticidad y coherencia. La hipocresía es siempre un mal testimonio. Fue precisamente por eso que “el nombre de Dios” era “blasfemado” (Rom. 2:24).

Recordemos que no podemos engañar a Dios en ningún momento y que “aparentar tiene más letras que ser” (Karl Kraus). Si “fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos” (Calderón de la Barca), ya que de nada sirve una “apariencia de piedad” que contrasta con “la eficacia de ella” (2 Tim. 3:5).

Elena de White, hablando de la lucha de del padre de los doce patriarcas, escribe: “Jacob salió hecho un hombre distinto.

La confianza en sí mismo había desaparecido. Desde entonces en adelante ya no manifestó su astucia anterior. En vez de la hipocresía y el engaño, los principios de su vida fueron la sinceridad y la veracidad.

Había aprendido a confiar con sencillez en el brazo omnipotente; y en la prueba y la aflicción se sometió humildemente a la voluntad de Dios. Los elementos más bajos de su carácter habían sido consumidos en el horno, y el oro verdadero se purificó, hasta que la fe de Abraham e Isaac apareció en Jacob con toda nitidez” (Patriarcas y profetas, pág. 185).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



(2682)

COMPARTIR

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*