9 de enero | Devocional: Alza tus ojos | Descorriendo el velo celestial

«Porque el Altísimo, el que vive para siempre y cuyo nombre es santo, dice: “Yo vivo en un lugar alto y sagrado, pero también estoy con el humilde y afligido, y le doy ánimo y aliento”». Isaías 57: 15, DHH

Cuando un hombre tome en sus propias manos las riendas para conducir e impulsar la obra de Dios, recibirá su paga, porque aquella se verá afectada por terribles equivocaciones. La razón se anubla, aun frente a la grandeza de la luz, a menos que el instrumento se coloque bajo el yugo de Cristo. Satanás maquinará cada día algún plan, cuando piense que puede brindar una mano de ayuda para sembrar sus malezas entre el trigo. El vicio no ha de ser mezclado con la virtud, y debe proclamarse en tono inconfundible, ahora mismo, mientras se está realizando la obra misionera: «Salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo impuro; y yo os recibiré» (2 Corintios 6: 17). Dios está obrando ahora en favor de su pueblo, pero cuántos hay que no distinguen lo que proviene de Dios de aquello que no viene de lo alto.

Descorriendo el velo que oculta la gloria de Dios, se lo ve en su lugar, sublime, santo y elevado, no en un estado de soledad sino rodeado por millones de millones de seres santos y felices, todos aguardando llevar un mensaje, cumplir sus órdenes. El cielo entero se halla en comunicación activa con cada parte del universo a través de diversos canales; y el Santo está atento, inclinándose desde su trono para escuchar cada sonido que se emite, observando los movimientos de cada influencia terrenal. Allí se ve al más sublime Ser condescendiendo con los más humildes, aprobando o condenando cada acción que se realiza.

Dios está interesado en los oprimidos y envía mensajeros para ocuparse de la obra relacionada con el evangelio en beneficio de los seres que han corrompido su mente y sus pensamientos, a fin de conectarlos con la verdad y la justicia. A menos que lleguen a ser rectos, contaminarán a otros. Hay una labor que tiene que ser hecha en nuestro mundo, pero si el camino del Señor no se sigue con precisión a fin de colocarlos en la senda de la vida mediante la conversión, hay razón para sentirse preocupados de que Satanás se interponga para dominar a los pecadores a quienes nuestras instituciones tratan de ayudar.

Satanás está empeñado en destruir las almas por las cuales Cristo murió. En nuestro celo por hacer la obra del Señor, debemos aseguramos de que no estamos caminando por delante de Cristo, en lugar de hacerlo siguiéndolo a él.— Carta 171,9 de enero de 1900, dirigida a Edson y Emma White.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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