9 de enero 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Objetivo claro

“Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos” (Marcos 6:56).

Cierta vez, una frase escrita en un muro me impresionó: “Solo los hospitales son capaces de probar que todos los hombres son iguales”. Una descripción simple, y al mismo tiempo profunda, del egoísmo, el orgullo y la vanidad que dominan el corazón, dividen a los seres humanos y causan tantas tragedias.

Jesús era lo contrario de esa descripción. Dejó la gloria del cielo y no alimentó orgullo en su corazón. Aunque era Dios, en su humanidad no fue autosuficiente. Su fama era tan grande que las personas hacían cualquier sacrificio para encontrarlo, para recibir su toque, escuchar sus palabras y obtener curación y liberación. Sin embargo, eso no hizo de él una persona egocéntrica.

El riesgo del orgullo y la autosuficiencia era inmenso. Él fue tentado a dejarse llevar por la fama y dejar de lado la verdadera razón de su venida a esta Tierra. Podría haber caído en la tentación, tantas veces sugerida por los apóstoles y esperada por las multitudes, de transformarse en rey y liberar al pueblo del dominio y el abuso romanos. Pero Jesús no perdió su objetivo.

¡Qué tremendo contraste, cuando comparamos la autoexaltación de Satanás y la humillación de Jesús! El objetivo del enemigo de Dios era el yo; el de Cristo, la humanidad. El diablo ansiaba el beneficio propio; Jesús, nuestra salvación.

¿Y tú? ¿Cómo actuarías, si tuvieras las mismas oportunidades? Imagina que todos quisieran estar cerca de ti, escuchar tu voz y tocar aunque sea el borde de tu ropa. ¿Conoces con claridad el objetivo de tu vida? ¿Sabes quién eres realmente y quién está en el comando de tus sentimientos? Recuerda que “no tenemos ningún enemigo exterior a quien debemos temer. Nuestro gran conflicto lo tenemos con nuestro yo no consagrado. Cuando dominamos el yo somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 24).

Tener el foco correcto no es pensar menos de uno mismo, sino menos en uno mismo. Eso trae una recompensa inmediata. Sigue el ejemplo de Jesús, manteniendo la humildad y el objetivo de la vida claro. Benjamín Franklin recuerda: “Cuando somos buenos para los otros somos aún mejores para nosotros mismos”.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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