9 de diciembre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Preparándonos para vivir con los ángeles

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Romanos 12:1.

No tenemos duda… de que las doctrinas que sostenemos actualmente son la verdad presente y que nos estamos acercando al juicio. Nos estamos preparando para salir al encuentro de Aquel que, flanqueado por una escolta de santos ángeles, ha de aparecer en las nubes del cielo para dar a los fieles y a los justos el toque final de la inmortalidad…

Abrazamos la verdad de Dios con todas nuestras diferentes facultades, y al ponernos bajo la influencia de esa verdad, cumplirá en nosotros la obra necesaria para darnos idoneidad moral para el reino de gloria y para la sociedad de los ángeles celestiales. Estamos actualmente en el taller de Dios. Muchos de nosotros somos rudas piedras de la cantera. Pero al inclinarnos sobre la verdad de Dios su influencia nos afecta. Nos eleva y elimina de nosotros toda imperfección y todo pecado, de cualquier naturaleza que sean. De este modo nos preparamos para ver al Rey en su hermosura y finalmente para unirnos con los puros ángeles celestiales en el reino de gloria. Allí se cumplirá esa obra en favor de nosotros, allí nuestros cuerpos y espíritus serán hechos idóneos para la inmortalidad.

Estamos en un mundo opuesto a la justicia y a la pureza de carácter y al crecimiento en la gracia. Doquiera miremos vemos corrupción y contaminación, deformidad y pecado. ¿Y qué obra debemos emprender aquí justamente antes de recibir la inmortalidad? Preservar la santidad de nuestros cuerpos, la pureza de nuestros espíritus para que podamos permanecer sin mancha en medio de la corrupción que bulle alrededor de nosotros en estos últimos días.—Testimonies for the Church 2:355, 356.

Es imposible que hombres y mujeres, con todos sus hábitos pecaminosos, destructores de la salud y enervadores del cerebro, puedan discernir la verdad sagrada, por medio de la cual han de ser santificados, refinados, elevados, y hechos idóneos para la sociedad con los ángeles celestiales en el reino de gloria.—Ibid. 3:162.

 

DEVOCIONAL ADVENTISTA

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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