9 de agosto 2022 | Devoción Matutina para Damas 2022 | En cuerpo y alma

«¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien» (Sal. 139:14, NTV).

Como mujeres, vivimos bajo una presión constante con respecto a nuestra imagen corporal. Si bien no hay nada malo en ser y sentirse bellas, cuando ponemos un énfasis desproporcionado en la apariencia podemos perder el contacto emocional con nuestro cuerpo. Cuando internalizamos el mensaje de cosificación, comenzamos a mirarnos desde afuera, como quien mira una vidriera. En lugar de preguntarnos cómo nos sentimos, nos preguntamos cómo nos vemos. Aprendemos a ignorar las señales y mensajes del cuerpo (a los pies, que dicen: «No me gusta cómo se sienten estos zapatos»; o al dolor de estómago, que dice: «Tienes demasiado estrés y necesitas descansar») hasta que nos desconectamos emocionalmente. Desintonizamos y menospreciamos nuestra capacidad para experimentar sensaciones corporales, creyendo que lo más importante es cómo nos vemos.
Por supuesto, es imposible pasar de ignorar las sensaciones del cuerpo a estar en perfecta sintonía en cuestión de segundos. No podemos encender y apagar esa conexión como si fuera un interruptor de luz. No podemos relajarnos y disfrutar de un día de playa ni del masaje de la arena cálida contra la piel, si nos estamos esforzando por esconder los rollitos. Cuando cosificamos el cuerpo, cuando lo vivimos «desde afuera», el enemigo nos roba placer y vivencias que Dios diseñó para darnos gozo. Pero eso no es todo: cuando despreciamos nuestro cuerpo, negamos una parte esencial de la experiencia humana. Nuestros cuerpos no son cáscaras de nuez; no son malos, ni inútiles. ¡Este es un concepto pagano! Cuando Jesús regrese, recibiremos cuerpos incorruptibles. Por razones que tal vez solo comprendamos plenamente cuando nos encontremos con Jesús cara a cara, aun nuestra salvación dependió de la encarnación de Cristo.
Dios nos creó con un cuerpo capaz de experimentar innumerables sensaciones y de comunicar sus necesidades. Fuimos diseñadas para disfrutar de una conexión permanente con nuestro cuerpo. Elena G. de White dice que «entre la mente y el cuerpo hay una relación misteriosa y maravillosa. La primera influye sobre el último y viceversa» (Consejos sobre salud, cap. 3, p. 94). Atrevámonos a reconectarnos emocionalmente con nuestro cuerpo, a escucharlo, a «vivirlo desde adentro». Después de todo, nuestros cuerpos no son solo bellos; también son capaces, fuertes y resilientes.

Señor, gracias por hacerme tan maravillosamente compleja. Muéstrame cómo vivir en armonía para que mi mente y mi cuerpo no estén peleándose o ignorándose el uno al otro. Quiero servirte en cuerpo y alma.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022



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