9 de agosto 2020 | Devoción Matutina para Adultos 2020 | La adicción al dinero

BUENA MEDICINA ES EL CORAZÓN ALEGRE

Lecturas devocionales para Adultos 2020

‘‘El que ama el dinero no se saciará de dinero; y el que ama la riqueza no sacará fruto” (Eclesiastés 5:10).

La Biblia no condena la posesión de dinero o bienes. Se consideraba una bendición de Jehová cuando Abraham, Isaac v Jacob acumularon riquezas (Gen. 26:12; 31; Job 1:3). José de Arimatea era rico (Mat. 27:57) y al mismo tiempo justo y bueno (Luc. 23:50) y fue quien pidió el cuerpo de Jesús a Pilato para sepultarlo. Es Dios quien da poder para adquirir riquezas (Deut. 8:18). Sin embargo, las Escrituras advierten contra el amor al dinero (Mat. 6:19-24; Luc. 18:25; 1 Tim. 3:3; 6:10), tal vez porque el Señor sabe que el dinero es absorbente y puede distraernos de la búsqueda de su reino.

Una actitud de apego al dinero puede llevarnos a la adicción. Así funciona el proceso: a) el sujeto se inicia por diversos triunfos económicos y experimenta el placer de ver crecer sus recursos, utilizándolos en nuevas inversiones; b) cuando surge un aumento de ganancias, se lanza a negocios más arriesgados; c) ante los reveses, sufre desengaños y enojos y se entrega a los pensamientos ansiosos (“¡voy a perderlo todo!”); d) la obsesión por ganar más es dominante y absorbe demasiado tiempo y esfuerzo; e) se da cuenta (por sí mismo o porque alguien lo alerta) de que está atrapado; f) se propone salir del círculo vicioso, pero no lo logra. Como consecuencia, su relación con el trabajo, la familia o la iglesia se deteriora y se arriesga a sufrir estrés, ansiedad y depresión. El proceso guarda un sorprendente parecido con las adicciones químicas.

Aunque más probable en el adinerado, la gente de escasos recursos no está libre del apego al dinero. Un día, Lord Congelton (1805-1883) escuchó a su cocinera suspirando:

— ¡Oh, si tan solo tuviera cinco libras sería feliz!

En su deseo de ver satisfecha a la mujer, Lord Congleton sacó del bolsillo un billete de cinco libras y dijo:

—¡Ahí lo tiene usted!

La sirvienta agradeció efusivamente el gesto de su señor. Al salir Congelton de la cocina, se quedó silenciosamente a escuchar. Al instante, ella exclamó: —¡Qué lástima que no dije diez!

La clave está en dónde ponemos el corazón. ¿En el agradecimiento por lo que tenemos o en la decepción por lo que no tenemos? En este día, haz tuya la oración: “Susténtame con el pan necesario, no sea que una vez saciado, te niegue y diga: ‘¿Quién es Jehová?’ O que, siendo pobre, robe y blasfeme contra el nombre de mi Dios” (Prov. 30:8, 9)

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2020



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