Breve tiempo de paz, 8 de septiembre
Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y
no escaparán. 1 Tesalonicenses 5:3.
Cuando se esté terminando la obra de la salvación, vendrá aflicción sobre la Tierra, y las naciones se airarán, aunque serán
mantenidas en jaque para que no impidan la realización de la obra del tercer ángel. En ese tiempo descenderá la “lluvia tardía”, o
refrigerio de la presencia del Señor, para dar poder a la voz fuerte del tercer ángel, y preparar a los santos para que puedan subsistir
durante el plazo cuando las siete plagas postreras serán derramadas.—Primeros Escritos, 85, 86.
Se me mostró a los habitantes de la Tierra en gran confusión. La Tierra estaba afligida por guerra, derramamiento de sangre,
privación, necesidad, hambre y pestilencia. Cuando estas cosas rodearon al pueblo de Dios, éste comenzó a unirse y a poner de
lado sus pequeñas dificultades. Ya no estuvieron controlados por la dignidad personal, y una profunda humildad tomó su lugar.
El sufrimiento, la perplejidad y la privación hicieron que la razón volviera a ocupar el lugar que le correspondía, y los hombres
apasionados e irrazonables se tornaron sensatos y actuaron con discreción y sabiduría.
Luego se me hizo apartar la atención de esa escena. Parecía haber un corto tiempo de paz. Una vez más se me presentaron los
habitantes de la Tierra, y nuevamente todo estaba en la mayor confusión. Las luchas, las guerras, el derramamiento de sangre, el
hambre y la pestilencia se manifestaban en todas partes. Otras naciones se habían mezclado en esta guerra y confusión. La guerra
produjo hambre. La miseria y el derramamiento de sangre causaron pestilencia. Y entonces se hallaron “desfalleciendo los hombres
por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra”. Lucas 21:26—Testimonies for the Church 1:243.
Los ángeles están reteniendo hoy los vientos de lucha, hasta que el mundo sea amonestado acerca de su inminente destrucción; [268]
pero se está preparando una tormenta que se ha de desencadenar sobre la Tierra, y cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los
vientos, habrá tal escena de contienda que ninguna pluma la puede describir.—EE, 510.
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