8 de septiembre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Nuestra fortaleza y seguridad

Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Efesios 6:10.

Muchos son espiritualmente débiles porque se miran a sí mismos en lugar de mirar a Cristo… Cristo es el gran almacén del cual podemos extraer en cada ocasión fortaleza y felicidad. ¿Por qué, entonces, apartamos los ojos de su suficiencia para contemplar nuestra debilidad y lamentarnos por ella? ¿Por qué nos olvidamos de que él está listo para ayudarnos en todo momento de necesidad? Lo deshonramos cuando hablamos de nuestra ineficiencia. En lugar de mirarnos a nosotros mismos, contemplemos constantemente a Jesús, siendo cada día más semejantes a él, más y más capaces de hablar de él, mejor preparados para aprovecharnos de su bondad y su auxilio, y para recibir las bendiciones que nos ofrece. Al vivir así en comunión con él nos fortaleceremos con su fuerza, y seremos de ayuda y bendición para quienes nos rodean.—The Review and Herald, 1 de octubre de 1908.
Cristo ha hecho toda provisión para que seamos fuertes. Nos ha dado su Espíritu Santo, cuyo oficio es recordarnos todas las promesas que Cristo ha hecho, para que tengamos paz y una dulce sensación de perdón. Si tan sólo mantenemos los ojos fijos en el Salvador y confiamos en su poder, seremos llenados de una sensación de seguridad, pues la justicia de Cristo llegará a ser nuestra justicia…
Cuando las tentaciones os asalten, como ciertamente ocurrirá, cuando la preocupación y la perplejidad os rodeen, cuando, desanimados y angustiados, estéis a punto de entregaros a la desesperación, mirad, oh, mirad hacia donde visteis con el ojo de la fe por última vez la luz, y la oscuridad que os rodee se disipará a causa del brillo de su gloria. Cuando el pecado luche por enseñorearse de vuestra alma y abrume la conciencia, cuando la incredulidad nuble la mente, acudid al Salvador. Su gracia es suficiente para dominar el pecado. El nos perdonará y nos hará gozosos en Dios.—Mensajes para los Jóvenes, 105, 106.
Dios quiere que se expandan nuestras mentes… Hemos de ser uno con Cristo como él es uno con el Padre. Y el Padre nos amará como ama a su Hijo. Podemos tener la misma ayuda que tuvo Cristo, podemos tener fortaleza para cada emergencia, pues Dios será nuestra vanguardia y nuestra retaguardia. Nos protegerá por todos lados.—Mensajes Selectos 1:486.

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS
Elena G. de White

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