8 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | El amor resiste la prueba

Llevóme a la cámara del vino y su bandera sobre mí fue amor.Cantares 2:4.

“Antes de dar su mano en matrimonio, toda mujer debería preguntarse si es digno aquel con quien está por unir su destino. ¿Cuál ha sido su vida anterior? ¿Es puro? ¿Es el amor que manifiesta de un carácter noble y elevado, o es un mero encanto emotivo? ¿Tiene los rasgos de carácter que pueden hacerla feliz? ¿Puede ella hallar paz y gozo verdaderos en su afecto? ¿Se le permitirá conservar su individualidad, o debe someter su criterio y su conciencia al dominio de su esposo? Como discípula de Cristo no se pertenece, ha sido comprada por precio. ¿Puede honrar como supremos los derechos de su Salvador? ¿Serán conservados puros y santos el cuerpo y el alma, los pensamientos y propósitos? Estas preguntas tienen una relación vital con el bienestar de toda mujer que contrae matrimonio.”—Mensajes para los Jóvenes, 437.
“Si gozáis del privilegio de tener padres temerosos de Dios, consultadlos. Comunicadles vuestras esperanzas e intenciones, sacad provecho de lo que la vida les enseñó a ellos, y os ahorraréis no pocas penas. Por encima de todo, haced de Cristo vuestro consejero. Estudiad su Palabra con oración.
“Contando con semejante dirección, acepte la joven como compañero de la vida tan sólo a un hombre de rasgos de carácter puros y viriles, a uno que sea diligente, lleno de aspiraciones, honrado, que ame y tema a Dios.”—Ibid. 433.
“Sólo en Cristo puede formarse una feliz unión matrimonial. El amor humano debe encontrar sus más estrechos lazos en el amor divino.”—El Ministerio de Curación, 336.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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