8 de octubre | Devocional: La maravillosa gracia de Dios |  La oración diaria es esencial

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Lucas 9:23.

Si queremos desarrollar un carácter que Dios pueda aceptar, debemos formar hábitos correctos en nuestra vida religiosa. La oración diaria es tan esencial para el crecimiento en la gracia y aun para la misma vida espiritual, como el alimento temporal lo es para el bienestar físico. Deberíamos acostumbrarnos a elevar con frecuencia los pensamientos a Dios en oración. Si la mente se desvía, debemos hacerla volver; por el esfuerzo perseverante, el hábito lo hará fácil al final. No hay seguridad separándonos un solo momento de Cristo. Podemos contar con su presencia para ayudarnos a cada paso, pero sólo si observamos las condiciones que él mismo ha dictado.

La religión debe convertirse en la gran tarea de la vida. Todas las demás cosas deberían subordinarse a ésta. Todas nuestras facultades mentales, físicas y espirituales deben ser empleadas en la lucha cristiana. Debemos mirar a Cristo para recibir fuerza y gracia, y ganaremos la victoria tan ciertamente como que Jesús murió por nosotros.—Mensajes para los Jóvenes, 112, 113.

Queridos jóvenes, no descuidéis, al empezar el día, el orar fervientemente a Jesús para que os imparta la fuerza y la gracia para resistir las tentaciones del enemigo en cualquier forma que se presenten; y si oráis fervientemente, con fe y contrición de alma, el Señor oirá vuestra oración. Pero debéis velar lo mismo que orar…

Los niños y los jóvenes pueden acudir a Jesús con sus cargas y perplejidades y saber que él respetará sus súplicas y les dará precisamente lo que necesiten. Sed fervientes; sed resueltos. Presentad la promesa a Dios, y luego creed, sin una duda. No esperéis sentir emociones especiales antes que os parezca que el Señor contesta. No indiquéis ningún modo particular en que el Señor deba obrar por vosotros antes de creer que recibiréis las cosas que le pedís, sino confiad en su palabra y dejad todo el asunto en manos del Señor, con la plena fe de que vuestra oración será honrada y recibiréis la respuesta en el momento exacto y en la forma precisa en que vuestro Padre celestial crea que es para bien vuestro; luego poned en práctica vuestras oraciones. Andad humildemente, y seguid avanzando.—Ibid. 120, 121.

DEVOCIONAL: LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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