8 de octubre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Elizabeth Blackwell

Si te quedas callada en un momento como este, el alivio y la liberación para los judíos surgirán de algún otro lado, pero tú y tus parientes morirán. ¿Quién sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este? Ester 4:14.

– He decidido ser médica -anunció Elizabeth Blackwell, de 24 años de edad, a su familia un día de 1845.

-Si alguien podría serlo, esa serías tú -dijo Harry.

-Se te hará muy difícil -señaló Sam-, Pensándolo bien, no conozco a ninguna mujer que sea médica. Sea lo que fuere, si es lo que deseas, ¡te apoyamos!

-¡Serías una médica pésima! -le respondió Marian-, Eres muy impaciente y poco compasiva.

-Aprendería a ser paciente y compasiva como lo haría con la anatomía y la química -respondió Elizabeth.

-Piensa en toda esa sangre. ¡Qué asco! No lo soportaría -dijo Elena, con escalofríos.

-¡Cómo desearía que tu padre viviera, para que pudiera ver tu valor! -la animó la Sra. Blackwell, y sonrió con orgullo.

Elizabeth sabía que tendría que armarse de valor suficiente, si quería llegar a ser la primera “doctora”. El prejuicio acerca de la mujer profesional en la carrera médica era muy grande. No había mujeres que estudiaran en ninguna de las escuelas de Medicina. Es más, dudaba mucho de que se la admitiera en alguna de ellas.

-Es un deseo muy noble -le dijo su amiga Harriet Beecher Stowe-; si pudieras llevarlo a cabo. No tienes idea del odio y el resentimiento que te acarrearás si sigues adelante con tu idea. Temo que la presión sea tanta que te destruiría.

Escribió al Dr. Abraham Cox para pedirle consejo en cuanto a la mejor manera de hacer la solicitud para ingresar en una escuela de Medicina. El gran médico le dio la información necesaria y agregó:

-Su idea es muy buena, muy valiosa, pero no resultará. Ninguna escuela médica la aceptará. Y aun cuando fuera aceptada, el costo es inmenso. No veo cómo podría lograr su objetivo.

Elizabeth se sentó en su cama y volvió a leer la carta del Dr. Cox. ¿Debería continuar con su plan de estudiar Medicina? Repentinamente, se le vino a la mente un versículo de memoria que había aprendido de niña: “¿Quién sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este?”

-Querido Dios, ¡lo haré! -prometió Elizabeth-. Si esto es lo que deseas para mí, sé que me ayudarás a realizarlo.

¡Y Dios la ayudó!

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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