8 de noviembre | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Paz restaurada

Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Colosenses 1:2.

Cristo es el “Príncipe de paz”, y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado. “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Romanos 5:1. Quien consienta en renunciar al pecado y abra el corazón al amor de Cristo, participará de esta paz celestial.

No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo.

Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz. Quienquiera que revela el amor de Cristo por la influencia inconsciente y quieta de una vida santa; quienquiera que incita, por palabra o por hechos, a los demás a renunciar al pecado y entregarse a Dios, es un pacificador…

El espíritu de paz es prueba de su relación con el cielo. El dulce sabor de Cristo los envuelve. La fragancia de la vida y belleza del carácter revelan al mundo que son hijos de Dios. Sus semejantes reconocen que han estado con Jesús.—El Discurso Maestro de Jesucristo, 30.

La gracia de Cristo debe ser entretejida con todo aspecto del carácter… El diario crecimiento en la vida de Cristo crea en el alma un cielo de paz; en una vida tal continuamente hay fruto… En las vidas de aquellos que han sido rescatados por la sangre de Cristo, constantemente aparecerá la abnegación. Se verán la bondad y la justicia. La tranquila experiencia interior llenará la vida de bondad, fe, mansedumbre y paciencia. Esta debe ser nuestra experiencia diaria. Debemos formar caracteres libres de pecado, caracteres hechos justos en la gracia de Cristo y por medio de ella.—Counsels on Health, 633, 634.

DEVOCIONAL: LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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