8 de junio 2023 | Devoción Matutina para Damas 2023 | Expresando la frustración

«Todo lo que yo temía, lo que más miedo me causaba, ha caído sobre mí». Job 3:25, DHH

Después de que Job hubiera perdido su fortuna, a sus hijos, el apoyo de su esposa y su salud, sus amigos fueron a consolarlo, y siguiendo la costumbre judía guardaron silencio hasta que él expresó su dolor (Job 2: 13).
Debieron haber quedado callados hasta el final en vez de explicar las razones de las pruebas. A veces las palabras, por muy espirituales que sean, son menos empáticas que la compañía silenciosa y tierna.
Job expresó su frustración, dolor y pena a sus amigos. Expresar nuestro sufrimiento es sanador, pero escojamos bien a quién se lo expresamos. Los amigos de Job creían que la ley de causa y efecto se aplicaba a todas las personas y en todas las circunstancias. A la gente buena le deben ocurrir cosas buenas y a la gente mala solo cosas malas. Incluso Job tenía esa filosofía, de allí su frustración, pues no había hecho nada para merecer la prueba que vivía. El dolor y la prueba no son castigos; a veces son la escuela que necesitamos para prepararnos para ayudar a otros que vivan la misma experiencia; a veces son ataques directos de Satanás; otras veces son la sencilla constatación de la realidad de que vivimos en un mundo caracterizado por el conflicto entre el bien y el mal. Es mejor dedicarnos a conocer a Dios que a indagarla razón de lo que nos sucede.
La queja de Job ante sus amigos no cambiaba las circunstancias, pero le ayudaba a desahogar su pena. Les confesó que aun la muerte hubiese sido mejor que su sufrimiento, puesto que estaba perdiendo el propósito de su vida.
Muchas veces cuando intentamos desahogar nuestra frustración, enredamos todo y tenemos que pedir disculpas a quien ofendimos.
Cinco veces en el capítulo 3, Job se pregunta por qué le ha sucedido tal indescriptible tragedia. David también expresó su lamento: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?» (Salmo 22: 1). Jesús mismo se hico eco de esas palabras: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27: 46). De modo que no es dañino expresar el dolor, el sufrimiento o la frustración.
Si hoy estás enfrentando una pérdida, una tragedia, u otra circunstancia adversa, únete al salmista y di: «Estoy agotado y agobiado; mi corazón gime desesperado. Señor, tú conoces mis anhelos. Tú oyes todo suspiro mío» (Salmo 38: 8, 9, NBV).
«Pueblos todos, ¡confíen siempre en Dios! ¡Vacíen delante de él su corazón! ¡Dios es nuestro refugio!» (Salmo 62: 8, RVC).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2023



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