8 de febrero | Devocional: Alza tus ojos |  Nuestra única esperanza

«Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta». Hebreos 4: 13

El Señor es el Dios que «todo lo sabe». En su Palabra se presenta pesando a los seres humanos en el desarrollo de sus caracteres y en todos sus motivos, sean estos buenos o malos. Ana, la madre de Samuel, el niño que había recibido en respuesta a su fervorosa súplica, dijo: «Jehová es el Dios que todo lo sabe y a él le toca pesar las acciones» (1 Sam. 2: 3). David declaró: «Por cierto, solo un soplo son los hijos de los hombres, una mentira son los hijos de los poderosos; pesándolos a todos por igual en la balanza, serán menos que nada» (Sal. 62: 9). Isaías dice: «Tú, que eres recto, allanas el camino del justo».(lsa. 26: 7). Salomón escribe: «Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, pero Jehová es quien pesa los espíritus» (Prov. 16: 2). Es de trascendencia eterna que cada uno escudriñe su propio corazón y desarrolle cada talento otorgado por el Señor.

Tenemos muchas lecciones importantes que aprender. Recordemos que no hay motivo alguno en el corazón que Dios no vea claramente. Los motivos de cada uno son pesados tan cuidadosamente como si el destino de cada ser humano dependiera exclusivamente de ello. Necesitamos conectamos con el poder divino a fin de recibir mayor luz y una comprensión mejor de cómo razonar de causa a efecto.

Necesitamos cultivar la capacidad de entendimiento habiendo sido «hechos participantes de la naturaleza divina después de haber huido de la corrupción que hay en el mundo debido a las bajas pasiones» (2 Ped. 1: 4, RVA15). Reflexione seriamente cada uno de nosotros en cuanto a esta solemne verdad: Dios en el cielo es fiel y no hay designio, no importa cuán intrincado sea; ni motivo, no importa cuán cuidadosamente se haya ocultado, que él no conozca plenamente. Él «discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia» (Heb. 4: 12-13), Nosotros podemos hacer planes para realizar acciones inicuas pensando que Dios ni se fijará en eso; pero en el gran día cuando los libros sean abiertos, y cada ser humano sea juzgado por todo lo registrado en ellos, esas acciones saldrán a la luz. […]

No hay nadie, no importa cuán fervorosamente esté tratando de hacer lo mejor, que pueda decir: «No tengo pecado». Si alguien lo dijera se estaría engañando a sí mismo de Iorina muy peligrosa. «Si alardeamos de no cometer pecado, somos unos ilusos y no poseemos la verdad» (1 Juan 1: 8, LPH). ¿Cómo podemos escapar, entonces, de la acusación de «pesado has sido en balanza y hallado falto»? (Dan. 5: 27). Es preciso fijar la mirada en Cristo. A un costo infinito hizo un pacto para representamos en las cortes celestiales como nuestro Abogado ante de Dios.— Manuscrito 23, 8 de febrero de 1906, «Un Dios omnisapiente que pesa las acciones».

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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