8 de enero | Devocional: La fe por la cual vivo | Misterios que no podemos penetrar

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33.

“La Palabra de Dios, como el carácter de su divino Autor, presenta misterios que nunca podrán ser plenamente comprendidos por seres finitos.
“Si fuera posible para los seres terrenales obtener un pleno conocimiento de Dios y de sus obras, no habría ya para ellos después de lograrlo, ni descubrimiento de nuevas verdades, ni crecimiento en conocimiento, ni desarrollo ulterior del espíritu o del corazón. Dios no sería ya supremo; y el hombre, habiendo alcanzado el límite del conocimiento y progreso, dejaría de adelantar. Demos gracias a Dios de que no es así. Dios es infinito; en él están ‘todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.’ Y por toda la eternidad los hombres podrán estar siempre escudriñando, siempre aprendiendo sin poder agotar nunca, sin embargo, los tesoros de la sabiduría, la bondad y el poder.”—El Camino a Cristo, 80, 83.
“Los misterios de la Biblia, lejos de ser un argumento contra ella, se encuentran entre las más fuertes pruebas de su inspiración divina. Si su descripción de Dios consistiese sólo en lo que nosotros pudiéramos comprender, si su grandeza y majestad pudiesen ser abarcadas por mentes finitas, la Biblia no llevaría como lleva, evidencias inconfundibles de la divinidad…. Cuanto más escudriñamos la Biblia, tanto más profunda es nuestra convicción de que es la Palabra del Dios viviente, y la razón humana se inclina ante la majestad de la revelación divina.”—La Educación, 166.

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DEVOCIONAL
LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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