8 de abril | Devocional: La fe por la cual vivo | Un sustituto glorioso

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en madero). Gálatas 3:13.

“Sin Cristo, la ley por sí sola significaba sólo condenación y muerte para el transgresor. No tiene ninguna cualidad salvadora, ningún poder para librar al transgresor de su castigo…. La transgresión de la ley de Dios exigió la muerte de Cristo para salvar al hombre y mantener al mismo tiempo la dignidad y amor de la ley. Cristo tomó sobre sí la condenación del pecado. Abrió su pecho al infortunio del hombre. El que no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros.”—Manuscrito 58, 1900.

“Como sustituto y fiador del hombre, la iniquidad de los hombres fue colocada sobre Jesús; fue contado como transgresor para poderlos redimir de la maldición de la ley…. El que cargó con los pecados soporta el castigo judicial por la iniquidad y se hace pecado por el hombre.”—The Story of Redemption, 225.

“El pecado, tan odioso a su vista, fue cargado sobre él hasta que gimió bajo su peso. La desesperante agonía del Hijo de Dios fue mucho mayor que su dolor físico, que apenas sintió.”—The Signs of the Times, 25 de noviembre de 1889.

“Ni el más culpable necesita temer que Dios no le perdonará, porque la eficacia del divino sacrificio nos libra de la penalidad de la ley. Por medio de Cristo, el pecador puede recuperar su amistad con Dios.”—The Review and Herald, 28 de noviembre de 1912.

“El pecado del mundo entero descansó sobre Jesús, y la divinidad otorgó su más alto tesoro a la humanidad doliente en la persona de Jesús, para que el mundo entero obtuviese perdón por medio de la fe en el sustituto.”—Ibid.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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