7 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | De más valor que los rubíes

Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo. Proverbios 31:10,11.

“Que el joven se busque a una compañera que esté siempre a su lado y que sea capaz de cargar con su parte de las responsabilidades de la vida, una compañera cuya influencia lo ennoblezca y le comunique mayor refinamiento, y que lo haga feliz en su amor.”—El Ministerio de Curación, 337.
“La vida matrimonial no es puro romance; ofrece sus problemas reales y sus deberes domésticos. La esposa no se debe considerar una muñeca para ser mimada, sino una mujer; alguien capaz de poner el hombro bajo las cargas reales y no imaginarias, capaz de vivir una vida comprensiva y responsable considerando que hay otras cosas en que pensar fuera de sí misma.”—The Adventist Home, 11.
“Si fuera necesario, una joven podría prescindir del conocimiento del francés y del álgebra, o hasta del piano, pero es indispensable que aprenda a hacer buen pan, vestidos que le sienten bien y desempeñar eficientemente los diversos deberes pertenecientes al hogar.”—La Educación, 212.
“Un conocimiento de los deberes domésticos es de valor inapreciable para cada mujer. La felicidad de innumerables familias ha naufragado por la falta de eficiencia de la esposa y madre.”— Fundamentals of Christian Education, 74.
“Toda joven debiera aprender a hacerse cargo de las tareas domésticas; debiera ser una buena cocinera, ama de casa, y capaz de confeccionar la ropa sencilla de la familia.”—The Adventist Home, 91.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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