7 de julio | Devocional: La fe por la cual vivo | Fortaleza y gloria en el santuario

Alabanza y magnificencia delante de él; fortaleza y gloria en su santuario. Salmos 96:6.

“El tabernáculo y templo de Dios en la tierra fueron copia del original que estaba en el cielo. El santuario y sus solemnes servicios estaban rodeados místicamente de las grandes verdades que se revelarían a través de generaciones sucesivas…. Las manifestaciones de un rey invisible eran grandiosas e indescriptiblemente admirables. El cetro estaba manejado por una mano sobrehumana. El arca sagrada cubierta con el propiciatorio, depositaría de la santa ley de Dios, simbolizaba al mismo Jehová. Allí estaba el poder de los israelitas para triunfar en las batallas. Ante ella cayeron los ídolos y los que irrespetuosamente miraron adentro perecieron por miles. Nunca antes el Señor había dado tan ostensibles manifestaciones de su supremacía como cuando fue reconocido como el rey de Israel.”—The Review and Herald, 2 de marzo de 1886.

“La ley de Dios, guardada como reliquia dentro del arca, era la gran regla de la rectitud y del juicio. Esa ley determinaba la muerte del transgresor; pero encima de la ley estaba el propiciatorio, donde se revelaba la presencia de Dios y desde el cual, en virtud de la expiación, se otorgaba perdón al pecador arrepentido. Así, en la obra de Cristo en favor de nuestra redención, simbolizada por el servicio del santuario, ‘la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron.’Salmos 85:10.

“Lo que necesitamos hoy es iluminación divina y un conocimiento más inteligente del maravilloso proceder de Dios con su pueblo de antaño.”—Ibid.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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