7  de febrero 2019 | Devoción Matutina para Adolescentes | ¿Dónde están todos?

Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca. Hebreos 10:24-25, NVI.

Hay una islita en el Caribe, perteneciente a México, llamada Cozumel. La isla está a unos 20 kilómetros [12 millas] de la costa de México, y tiene unos 48 kilómetros [30 millas] de largo por 16 [10 millas] de ancho. Mi esposa y yo aterrizamos en Cozumel y tomamos un taxi hasta el hotel. Habíamos oído que Cozumel era una isla tranquila, y queríamos relajarnos durante unos días. Luego de un par de días de tranquilidad, decidimos aventurarnos a explorar el resto de la isla.

Unos 48 kilómetros [30 millas] de Cozumel están frente a la costa de México, mientras que el otro lado de la isla tiene otros 48 kilómetros con vista al Mar Caribe. Estábamos hospedados del lado con vista a México, pero nos daba curiosidad ver el otro lado. Alquilamos una motocicleta y emprendimos el camino. Manejamos hacia el sur, al extremo más alejado de la isla, y seguimos la ruta que nos llevaba al lado con vista al Mar Caribe. Lo que vimos nos sorprendió por completo. En realidad, lo que no vimos es lo que nos sorprendió. No había nada allí, más que un camino de tierra. Manejamos varios kilómetros por la costa y no había absolutamente nada. Ningún hotel, negocio, mercado, casa… nada. ¡Ni siquiera encontrábamos señales de que hubiese electricidad de aquel lado de la isla! El camino era literalmente lo único desarrollado en aquel lugar, por muchos kilómetros. Por supuesto, disfrutamos al detenernos en algunas playas solitarias y recorrer algunas ensenadas rocosas, pero nos seguía impresionando lo desierto que estaba todo en aquel lado de la isla. Aunque fue divertido pasar un rato allí, no nos atrajo para nada la idea de quedarnos más tiempo, completamente solos y aislados.

Dios nos creó para que formemos parte de un grupo de personas con quienes interactuar, animarnos y ayudarnos mutuamente. No hemos sido creados para estar solos. Tu familia de la iglesia es parte de ese grupo. A veces pasamos tiempo sirviendo a nuestra comunidad. Eso es excelente, pero no olvides también amar y hacer buenas obras para con tus hermanos y hermanas en Cristo.

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