7 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | ¿Dónde está tu tesoro?

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues a preparar lugar para vosotros. Juan 14:1,2.

¡Cuán precioso es saber que tenemos un Amigo fiel, Alguien que nos impartirá un carácter noble y elevado, que nos hará idóneos para estar en compañía de los santos ángeles en las cortes celestiales! Su protección está sobre todos sus hijos. Gozan de una paz que el mundo no puede dar ni quitar. La pérdida de los tesoros terrenales no los hace sentirse desesperados o desposeídos…

Cristo contempla el mundo, tan lleno de actividad en procura de tesoros terrenales. Ve a tantos que tratan ansiosamente tener primero una cosa y después la otra, en sus esfuerzos por obtener el codiciado tesoro terrenal que, según ellos piensan, satisfará su ambición egoísta, mientras en su ansiosa búsqueda pasan por alto el único sendero que conduce a las verdaderas riquezas.

Como el que tiene autoridad, Cristo habla a los tales invitándolos a seguirle. Se ofrece a conducirlos a las riquezas que son tan perdurables como la eternidad. Les señala el sendero angosto de la abnegación y del sacrificio. Los que se esfuercen por avanzar en este sendero, superando cada obstáculo, alcanzarán la tierra de gloria. Al levantar la cruz encontrarán que ésta los eleva a ellos, y por último obtendrán el tesoro imperecedero.

Muchos creen que la seguridad está en las riquezas terrenales. Pero Cristo está tratando de quitar de sus ojos la mota que oscurece la visión, y capacitarlos así para contemplar el mucho más grande y eterno peso de gloria. Confunden fantasmas con las realidades y han perdido de vista las glorias del mundo eterno. Cristo los invita a extender su vista más allá del presente y añadir eternidad a su visión…

No hay lugar sobre la tierra donde el tesoro esté a cubierto de toda pérdida. Pero hay una ciudad que tiene fundamentos, cuyo constructor y hacedor es Dios. Cristo trata de apartar la atención de las inversiones imprudentes en riquezas perecederas, aconsejando a los hombres que hagan tesoros en el cielo.

Los que han prodigado su afecto a los tesoros terrenales sin tomar en cuenta las riquezas celestiales, recibirán pronto su recompensa. Perderán los tesoros terrenales, por los cuales vendieron sus almas a Satanás…

¿No quisieran aquellos que no se han entregado todavía plenamente al gran rebelde venir y tomar su posición ahora al lado del Señor? ¿No quisieran, antes que sea demasiado tarde, dejar las obras de maldad y colocarse bajo el estandarte teñido con sangre del príncipe Emanuel?—Carta 264, del 7 de diciembre de 1903, dirigida a un hombre de  negocios de bastantes recursos.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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