7 de diciembre 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Necesitamos rescatar

 “Ese día el Señor volverá a extender su mano para rescatar lo que queda de su pueblo” (Isaías 11:11, PDT).

El día 7 de diciembre trae duros recuerdos a los habitantes de Armenia. En 1988, un terremoto de magnitud 7,2 en la escala de Richter sacudió el norte del país. En cuestión de segundos, más del 40 % del territorio de la entonces república soviética fue fuertemente sacudido por el temblor. Fueron más de 300 localidades afectadas, 25.000 personas murieron, 140.000 quedaron inválidas, 500.000 perdieron la casa y 250.000 alumnos quedaron sin escuelas.

El rescate demoró mucho, pues la mayoría de los médicos y los empleados públicos murieron en el terremoto o quedaron heridos por la tragedia. El clima tampoco ayudó: el invierno fue uno de los más intensos registrados. Los que conseguían sobrevivir a la catástrofe tuvieron que enfrentar durante la noche temperaturas de más de 35 grados bajo cero.

En medio de aquel caos, un padre corrió a la escuela de su hijo para intentar encontrarlo. Cuando llegó al lugar, encontró el edificio totalmente destruido. Con lágrimas en los ojos, recordó la promesa que siempre le había hecho a su hijo: “No importa lo que ocurra, siempre estaré a tu lado”.

En el lugar en que había estado la sala de clases del muchachito, el padre comenzó el trabajo de rescate. Otros padres, madres, bomberos y policías, con buenas intenciones, le dijeron: “Es demasiado tarde, no vale la pena todo ese esfuerzo”. Pero él no desistió. Continuó cavando, piedra por piedra, bloque por bloque, en medio de los escombros. Las fuerzas ya se estaban agotando y las manos ahora sangraban. El tiempo fue pasando: 8,12,24,36 horas de trabajo… Cuando pasaron 38 horas, el padre removió una piedra, entonces escuchó una voz y gritó con todas sus fuerzas: “¡Armando!”

Lleno de esperanza, escuchó una voz débil, pero segura. “Papá, les dije a los otros niños que no se preocuparan, porque sabía que tú nos ibas a salvar. Somos catorce los que te estamos esperando, papá”. Tenían miedo, hambre y sed, pero el papá de Armando estaba allí.

El pecado cayó encima de la humanidad y nos dejó enterrados en la perdición. Pero nuestro Padre prometió que nos salvaría y cumplió su palabra. En este punto de la historia del mundo, el Señor nos envía como agentes de rescate. Acepta esa misión del Señor, ve en busca de sus hijos y diles que ¡todavía hay esperanza!

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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