7 de agosto 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Ethan Allen

Que no los encuentre dormidos cuando llegue sin previo aviso. Marcos 13:36.

La luna, en cuarto menguante, arrojaba su luz tenue sobre las siluetas de ochenta hombres que surgían del desierto. Estos se juntaron alrededor de la fogata en la playa del lago Champlain. Eran los Muchachos de la Montaña Verde, que habían venido a ayudar a su líder Ethan Allen, en la captura del Fuerte Ticonderoga.

Ethan Allen, de pie en la orilla del lago, trataba de ver a través de la neblina. No alcanzaba a avistar el fuerte, ni los botes que le habían prometido. Si no llegaban pronto, sería demasiado tarde para cruzar bajo el manto protector de la noche y tomar por sorpresa a los británicos. De repente, aparecieron dos embarcaciones en medio de la niebla.

Los hombres se embarcaron rápida y silenciosamente. A medida que se acercaban a la playa occidental, pudieron distinguir las paredes grises del fuerte entre la niebla. Pronto asomaron los primeros rayos del alba, al tocar la playa con las barcazas. El grito solitario de un somormujo se escuchó en el lado opuesto del lago.

Los hombres ascendieron la colina rocosa sigilosamente, dirigiéndose hacia el fuerte. Empuñaban espadas y mosquetes, que brillaban en el claroscuro del amanecer. ¿Tendrían éxito en su ataque sorpresivo?

Ethan llegó primero a la portezuela en la cima de la colina. El centinela descansaba cómodamente en una banca, con un reloj de arena al lado. Una pequeña rama se quebró debajo del pie de Ethan. Instantáneamente el centinela se puso de pie con el fusil encañonando al intruso. Tiró del gatillo. Saltó la chispa, pero no se escuchó el disparo. Había fallado. Hizo a un lado el mosquete y corrió hacia el fuerte gritando:

-¡El enemigo ataca! ¡El enemigo ataca!

Ethan Allen y sus muchachos de la Montaña Verde entraron y tomaron el fuerte. El comandante apareció con una espada en la mano y sus pantalones rojos en la otra. Se rindió sin ofrecer resistencia.

A Satanás le gustaría encontrarnos a todos dormidos. Se alegra cuando los aparatos de vídeo, las redes sociales y los libros de cuentos nos adormecen. Se pone muy contento cuando estamos demasiado cansados para estudiar la lección de la Escuela Sabática. Se goza cuando no podemos mantener los ojos abiertos suficiente tiempo como para orar y meditar en la Palabra de Dios. Sabe muy bien que un cristiano dormido no ofrece resistencia; se rinde fácilmente.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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