6 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | El amor que perdura

Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, de cierto lo menospreciaran. Cantares 8:7.

“El amor es un precioso don que recibimos de Jesús. El cariño puro y santo no es un sentimiento sino un principio. Los que son movidos por el amor verdadero, no son ni faltos de juicio ni ciegos.”—El Ministerio de Curación, 336.
“El divino amor que mana de Cristo nunca destruye al amor humano sino que lo incluye. El amor humano es refinado y purificado, elevado y ennoblecido por él. El amor humano jamás podrá producir frutos preciosos a menos que esté unido con la naturaleza divina y educado a fin de que crezca para la eternidad.”—The Adventist Home, 99.
“El verdadero amor no es una pasión impetuosa, ardiente y dominante. Por el contrario, es de naturaleza profunda y serena. Ve más allá de lo externo y es atraído únicamente por las cualidades. Es sabio y prudente para discernir y escoger y su devoción es real y duradera.”—Testimonies for the Church 2:133.
“Los hombres y las mujeres pueden alcanzar el ideal que Dios les señala si invocan la ayuda de Cristo…. Su providencia puede unir los corazones con lazos de origen celestial. El amor no será tan sólo el intercambio de palabras dulces y aduladoras. El telar del cielo hecho con la trama más fina, produce tela más fuerte que los telares de la tierra. Su material no es débil sino que es un tejido capaz de resistir cualquier prueba por severa que sea. El corazón quedará unido al corazón con lazos áureos de amor perdurable.”—El Ministerio de Curación, 340.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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