6 de octubre 2022 | Devoción Matutina para Menores 2022 | El Alfarero

«Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos; así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien». Jeremías 18: 4, NVI

Si buscas en tu casa encontrarás seguramente recipientes de vidrio, plástico, aluminio, acero inoxidable y quizá alguno de barro. En realidad, hoy en día los recipientes de barro no son tan comunes, al menos no tanto como lo eran en la antigüedad. En los días de Jeremías, el alfarero tenía mucho trabajo. ¡Tenía que hacer ollas de barro y vasijas para todo el pueblo!
En nuestra historia de hoy, Dios quería enseñarle algo especial a Jeremías. Y como ese mismo Dios también quiere enseñarnos algo a nosotros, vamos a viajar juntos con nuestra imaginación.
Jeremías escuchó la voz del Señor diciéndole que fuese a la casa del alfarero. En el camino, bajo un sol ardiente, el profeta avanzó, quizá preguntándose qué podría aprender en un lugar lleno de barro y suciedad. Al entrar en casa del alfarero, se sorprendió al observar cómo esas expertas manos podían convertir un simple trozo de barro en una obra de arte. Imagino a Jeremías mirando desde la rueda sucia del alfarero al estante donde se observaban las hermosas vasijas ya terminadas. ¡No podía creer que de un poco de barro pudiera salir algo tan bello!
El alfarero tomó más del barro fresco. Sus expertas manos iban moldeando la vasija en la rueda, pero… algo no andaba bien. La vasija parecía estar un poco inclinada… De pronto, con un movimiento rápido, el artista convirtió todo en un montón de barro nuevamente. Con paciencia comenzó de nuevo, hasta que pudo ver la obra perfecta que él tenía planeada.
Con esta historia, Dios nos muestra que él es el Alfarero, que nos está moldeando, a cada uno, como vasijas útiles. Pero ¿puedes imaginarte a la vasija torcida, aún en la rueda del alfarero, protestando: «No quiero que me corrijan, quiero seguir siendo torcida»? Suena ridículo, ¿verdad? Sin embargo, a veces a ti y a mí nos cuesta reconocer qué estamos «torcidos», que necesitamos que el Alfarero, nuestro Dios, nos vuelva a hacer un montoncito de barro y comience de nuevo a trabajar en nosotros.
Humildad es reconocer que necesitas de ese toque del Alfarero, sin el cual eres simplemente un trozo de barro. Acepta la corrección de Dios para convertirte en lo que él quiere que seas: ¡una bella vasija!

Cinthya

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2022



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