6 de mayo | Devocional: Exaltad a Jesús | La ley para la felicidad del hombre

Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. Salmos 19:8.

En el principio Dios dio su ley a la humanidad como medio de alcanzar felicidad y vida eterna. La única esperanza de Satanás para estorbar el propósito de Dios consiste en inducir a hombres y mujeres a desobedecer esta ley; y ha hecho un esfuerzo constante para torcer sus enseñanzas y reducir su importancia. Su golpe magistral fue la tentativa de cambiar la ley misma, de manera que pudiera inducir a los hombres a violar sus preceptos mientras profesaban obedecerlos.

Un autor ha comparado la tentativa de cambiar la ley de Dios con una antigua práctica malvada de hacer apuntar en una dirección errónea una señal colocada en una importante encrucijada de caminos. A menudo, un acto tal ocasionaba mucha perplejidad y grandes aprietos.

Dios erigió una señal indicadora para los que viajan en este mundo. Un brazo de esta señal apuntaba hacia la obediencia voluntaria al Creador como camino que llevaba a la felicidad y la vida, mientras que el otro brazo indicaba la desobediencia como sendero que lleva a la desgracia y a la muerte. El camino a la felicidad estaba tan claramente definido como solían estarlo los caminos que llevaban a la ciudad de refugio en tiempos de los judíos. Pero en mala hora para la familia humana, el gran enemigo de todo el bien puso las señales en sentidos contrarios, y multitudes han errado el camino.

Mediante Moisés el Señor instruyó así a los israelitas: “Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el sábado, porque santo es a vosotros: el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna… el día del sábado, morirá ciertamente. Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo: señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó”. Éxodo 31:13-17.

En estas palabras el Señor definió claramente la obediencia como camino que llevaba a la ciudad de Dios; pero el hombre de pecado cambió la dirección de la señal, y la puso en un sentido erróneo. Estableció un falso día de reposo, e hizo creer a hombres y mujeres que descansando en él obedecían la orden del Creador.

Dios declaró que el séptimo día es el día de reposo del Señor. Cuando “fueron acabados los cielos y la tierra”, exaltó este día como un monumento de su obra creadora. Descansando en el séptimo día “de toda su obra que había hecho,… bendijo Dios al día séptimo, y santificólo”. Génesis 2:1-3.—La Historia de Profetas y Reyes, 133-134.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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