6 de marzo | Devocional: Hijos e Hijas de Dios | Aprendamos el idioma de Canaán

«Mi enseñanza se derramará como la lluvia; mis razonamientos caerán como el rocío. Serán como la llovizna sobre la grama, como gotas de agua sobre la hierba». Deuteronomio 32: 2, RVC

DEBEMOS SER TESTIGOS de Cristo; y lo lograremos al crecer diariamente hasta la estatura plena de hombres y mujeres en Cristo. Es nuestro privilegio crecer cada día más y más a su semejanza. Entonces adquiriremos la facultad de expresar nuestro amor por él en un lenguaje más noble y puro, y nuestras ideas se ampliarán y profundizarán. Nuestro juicio llegará a ser más sano y digno de confianza, y nuestro testimonio tendrá más vida y seguridad.
No hemos de cultivar el lenguaje del mundo, familiarizándonos de tal manera con la conversación de la gente, que el idioma de Canaán nos resulte nuevo y extraño. Necesitamos aprender en la escuela de Cristo; no obstante, es evidente que muchos se satisfacen con sus limitadas experiencias en su vida espiritual, porque revelan poco conocimiento de las realidades espirituales, en sus oraciones y en sus testimonios.
Hay más sensatez manifestada en asuntos concernientes a nuestros negocios terrenales y temporales que en los asuntos relativos a nuestros intereses eternos.
Los cristianos han de ser fieles en la escuela de Cristo, siempre aprendiendo más del cielo, más de la Palabra y la voluntad de Dios; más de la verdad y de cómo usar fielmente el conocimiento que han obtenido.— The Youth’s Instructor, 28 de junio de 1894.
El principal requisito del lenguaje es que sea puro, bondadoso y veraz: «la expresión externa de una gracia interior»… La mejor escuela para la enseñanza del lenguaje es el hogar.
Las palabras bondadosas son como rocío y suaves lluvias para el alma. La Escritura dice acerca de Cristo que se concedió gracia a sus labios, para que supiera «hablar palabras al cansado» (Isa. 50: 4). Y el Señor nos ordena que: «Su conversación debe ser siempre agradable y de buen gusto, y deben saber también cómo contestar a cada uno» (Col. 4: 6, DHH). El hogar cristiano, cap. 71, p. 414.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

COMPARTIR
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*