6 de junio | Devocional: Conflicto y Valor | Cinco piedras lisas

 

1 Samuel 17:28-37.

 

Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo. 1 Samuel 17:37.

 

Cuando David vio que todo Israel estaba amedrentado, y supo que el filisteo lanzaba su desafío día tras día, sin que se levantara un campeón que acallara al jactancioso, su espíritu se conmovió dentro de él. Se encendió su celo para salvar el honor del Dios viviente y el crédito de su pueblo. —Historia de los Patriarcas y Profetas, 698.

David, en su humildad y celo por Dios y por su pueblo, se ofreció para enfrentar a ese jactancioso. Saúl accedió e hizo que su propia armadura real le fuera colocada a David. Pero éste no consintió en usarla. Se quitó la armadura del rey porque no la había probado. Había probado a Dios y, al confiar en él, había obtenido victorias especiales. Al ponerse la armadura de Saúl habría dado la impresión de ser un guerrero, cuando era solamente el pequeño David que cuidaba las ovejas. No quería que se diera el crédito a la armadura de Saúl, porque su confianza estaba depositada en el Señor Dios de Israel.—Testimonies for the Church 3:219.

Escogiendo cinco piedras lisas en el arroyo, las puso en su talega, y con su honda en la mano se aproximó al filisteo. El gigante avanzó audazmente, esperando encontrarse con el más poderoso de los guerreros de Israel. Su escudero iba delante de él, y parecía que nada podía resistirle. Cuando se acercó a David, no vio sino un zagalillo, llamado mancebo a causa de su juventud. El semblante de David era rosado de salud; y su cuerpo bien proporcionado, sin protección de armadura, se destacaba ventajosamente; no obstante, entre su figura juvenil y las macizas proporciones del filisteo, había un marcado contraste.

Goliat se llenó de asombro y de ira. “¿Soy yo perro”, exclamó, “para que vengas a mí con palos?” Y entonces soltó contra David las maldiciones y los insultos más terribles, en nombre de todos los dioses que conocía. Gritó mofándose: “Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo, y a las bestias del campo”. Historia de los Patriarcas y Profetas, 701.

 

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White



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Devocional

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