6 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Adoptadas

«Para rescatar a los que estaban bajo la Ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos. […] Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y como eres hijo, Dios te ha hecho también heredero» (Gálatas 4: 5, 7).

Con pocos meses, sin piernas, con una sonrisa radiante y mucha energía, Jennifer fue adoptada por Sharon y Gerald Bricker. La pequeña aprendió a caminar y a correr usando las manos y la cadera. Creció sin miedo, trepándose a los árboles y saltando en un trampolín con sus tres hermanos mayores.
Sus padres adoptivos siempre le hablaron abiertamente acerca de su adopción, e incluso la alentaron a buscar a su familia biológica, que eran unos inmigrantes rumanos en Estados Unidos. Estos la habían dado en adopción el mismo día de su nacimiento.
Jennifer creció en una pequeña ciudad de Illinois. La primera vez que vio a alguien de Rumanía, el país de sus padres, fue por la televisión, durante los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. La joven de origen rumano era Dominique Moceanu, que competía en el equipo femenino estadounidense que conquistó en esa ocasión un oro olímpico. En ese momento, Jennifer decidió dedicarse a los saltos acrobáticos, a pesar de su discapacidad.
A los diez años, disputó los Juegos Olímpicos de la Juventud. A los once, era campeona por el estado de Illinois de tumbling, una disciplina que forma parte de la gimnasia de trampolín. Con dieciséis años, ¡descubrió que el apellido de su familia biológica era Moceanu! Dominique, la gimnasta a quien admiraba, ¡era su hermana!
Por intermedio de un investigador privado, contactó a sus padres biológicos, que no le negaron haberla dado en adopción. Sin embargo, no le respondieron las llamadas posteriores. Cuatro años después, Jennifer le escribió a Dominique contándole su historia y cómo ella la había inspirado a ser gimnasta.
Años más tarde, las tres hermanas, Dominique, Jennifer y la menor, Christina, se encontraron por primera vez. Cada una tenía una historia de vida muy distinta. Jennifer había sido más amada que sus hermanas, quienes habían atravesado momentos tumultuosos de abusos y secretos.
El padre de Jennifer murió antes de que ella pudiera conocerlo, pero, en enero del 2010, a los veintidós años de edad, sí pudo conocer a su madre biológica. Hoy, Jennifer viaja por el mundo dando charlas motivacionales y haciendo espectáculos de acrobacia aérea.
¿Sabes? El pecado nos hizo esclavas de Satanás, pero Cristo, con su sangre, nos recató y nos adoptó. Al ser adoptadas por Cristo, tenemos asegurada la certeza de su amorosa presencia en nuestra vida, así como el derecho a la herencia inmortal. Seamos agradecidas porque él nos hizo hijas amadas de su corazón.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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