6 de enero | Devocional: En los lugares celestiales | Amor nacido de la misericordia

Seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Hebreos 8:12.

El amor de Dios por la raza caída es una manifestación peculiar de amor: amor nacido de la misericordia; pues todos los seres humanos son indignos. La misericordia implica la imperfección del objeto hacia el cual se manifiesta. Debido al pecado, la misericordia fue puesta en activo ejercicio.

El pecado no es objeto del amor de Dios sino de su odio. Pero ama al pecador y se compadece de él. Los descarriados hijos e hijas de Adán son los hijos de la redención de Dios. Mediante la dádiva de su Hijo les ha revelado su infinito amor e infinita misericordia.—The Signs of the Times, 21 de mayo de 1902.

Dios propone cooperación a sus frágiles y descarriadas criaturas, a quienes ha colocado en terreno ventajoso. Por un lado hay infinita sabiduría, bondad, compasión y poder; por el otro, debilidad, pecaminosidad, absoluta impotencia, pobreza, dependencia… Al hombre se le da el privilegio de trabajar con Dios en la salvación de su propia alma. Ha de recibir a Cristo como a su Salvador personal y ha de creer en él. Recibir y creer es su parte en el contrato…

El plan de redención fue preparado en los consejos entre el Padre y el Hijo. Entonces Cristo se comprometió a responder por el hombre si éste resultaba desleal. Se comprometió a efectuar una expiación que uniera a toda alma creyente con Dios. El que coloca sus pecados sobre el sustituto y garantía … puede unirse con el apóstol al decir: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. “Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”. Efesios 1:3; 2:7.

En su infinito amor Cristo ideó el plan de salvación. Está listo para cumplir ese plan en favor de todos los que cooperen con él. Intercediendo por ellos, dice al Padre: No les imputes a ellos sus pecados, sino colócalos sobre mí. Sé misericordioso con sus injusticias y no recuerdes más sus pecados e iniquidades.—The Signs of the Times, 27 de febrero de 1901.

DEVOCIONAL: EN LOS LUGARES CELESTIALES

Elena G. de White

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