6 de enero | Devocional: Alza tus ojos | La luz y las tinieblas

«Nada de acritud, rencor, ira, voces destempladas, injurias o cualquier otra suerte de maldad; destierren todo eso. Sean, en cambio, bondadosos y compasivos los unos con los otros, perdonándose mutuamente como Dios los ha perdonado por medio de Cristo». Efesios 4: 31-32, LPH

La gran controversia que se está desarrollando en el mundo entre el Príncipe de la luz y el príncipe de las tinieblas, es más aguda hoy que en cualquier período de la historia de la tierra. Recuerden que donde se pongan en marcha planes para hacer avanzar la causa de Dios en el mundo, Satanás estará allí para contrarrestar, si fuera posible, la obra de nuestro misericordioso Padre celestial. […] Echará mano de toda ventaja posible que le den para controlar las mentes. […]

El pueblo de Dios, rescatado del fuego por Jesucristo, es consciente de su pecamino- sidad y se siente humillado y avergonzado. Dios contempla y acepta este arrepentimiento, y percibe su tristeza por el pecado que no pueden eliminar ni limpiar por sí mismos. Pero a medida que oran, sus plegarias son escuchadas y por eso Satanás se mantiene cerca para luchar en contra de Cristo. Puesto que él oye sus oraciones, intercede por los santos de acuerdo con la voluntad de Dios. Regenera al pecador y escribe la palabra «perdonado» junto a sus nombres. Esto incita a Satanás a combatir. Trata de interponerse entre Cristo y el creyente arrepentido. Trata de arrojar su sombra diabólica delante de esa alma para desalentarla de la fe y anular todo efecto de las palabras de Dios. […]

Si Satanás logra colocarse entre el creyente y Jesucristo, queda eclipsado el amor, la aceptación y el perdón de Cristo, y el ser humano intenta de continuo confeccionar un manto de justicia que cubra su deformidad y su pecado. Cristo, en cambio, lo que desea es que acudamos a él tal como somos confiando en él como nuestro Salvador personal. En su tierno amor, nuestro perdonador Padre saca su mejor manto para cubrir al pródigo que regresa. […]

Satanás es un enemigo vigilante e incansable siempre en vela. Sabe que tiene poco tiempo y actuará hasta el fin, mediante toda clase de engaños, para entrampar a las almas y amainarlas. Tengo un mensaje para ustedes: «Velad y orad para que no entréis en tentación» (Mat. 26: 41). No permitan que el diablo se interponga entre ustedes y Cristo, pues de lo contrario les gustarán las cosas que son del mundo y no de Dios. Si su fe es genuina producirá obediencia. Dios no nos ordena que hagamos algo que no podemos lograr. Otorgará fortaleza a cada persona que cree y confía en él. […]

Hemos de albergar el amor de Jesús en el corazón y respetamos todos mutuamente, porque Cristo dio su vida por todos nosotros. Todo ser humano es valioso a la vista de Dios. Es un gran privilegio ser recordados y protegidos en todo momento por él.— Carta 7, 6 de enero de 1894, dirigida a la tripulación del barco Pitcaim.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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